7 oct 2015

La situación en Cataluña

Excelente análisis de un hispanista emérito que vive en Cataluña.




El drama de un hogar dividido. El Mundo.



Muchos de los que piensan que conocen Cataluña -y esto no significa simplemente aquellos que viven en España, sino también los que viven fuera de España y que han tenido un contacto estrecho con los catalanes y con los intereses catalanes- parecen haber aceptado una perspectiva de la situación política que coincide con demasiada facilidad con la imagen cuidadosamente creada y difundida por un puñado de publicistas y periodistas. De acuerdo con esta imagen, hay un conflicto profundo, arraigado en siglos de historia, entre la cultura y los intereses de la región y la cultura y los intereses del Estado nacional. Eso, al parecer, ha provocado las actuales tensiones, y -dice su argumento- deberíamos hacer un intento para resolver esas tensiones entre la región (Cataluña) y el Estado (España).





Esta presentación, tratando de tensiones entre España y Cataluña, me parece hoy casi irreal. Las tensiones que veo a mi alrededor aquí en Cataluña son de un orden diferente. Son, de hecho, tensiones que no tienen nada que ver con el conflicto histórico entre el Estado y la región. Más bien, las tensiones están en sumo grado dentro de la región. El verdadero conflicto es de Cataluña contra Cataluña. Es un conflicto que ha sido provocado artificialmente para servir a las ambiciones políticas personales y específicas en el principado, y que tiene pocas raíces en la historia o la cultura de la región.









El fenómeno no es nuevo, y estudios recientes han puesto de manifiesto la forma en que ha salido a la superficie en áreas tan distintas como Bélgica, Japón, Canadá y Australia. Muy recientemente, un escritor en Australia hizo la siguiente observación: “dos son las Australias que se miran la una a la otra a través de un abismo ideológico y ambas afirman ser custodias de la autentica identidad nacional australiana. Somos una casa dividida, cada vez más cerca al resto del mundo, pero cada vez más lejos la una de la otra”. Si ese es el caso de Australia, es aun más cierto en el caso de la Cataluña de hoy.






Un puñado de políticos en Cataluña, completamente ajenos a su obligación primordial de servir a los intereses del público, han decidido perseguir un objetivo que imaginan ser el medio idóneo para mantenerse en el poder. Con este fin, han tratado de crear un elaborado espejismo político que pretende seducir al viajero cansado y asegurarle que está al alcance de la Tierra Prometida. ¿Cuáles son los medios que se han empleado en la hoja de ruta hacia este objetivo?






En primer lugar, han tirado por la borda cualquier pretensión de ideología o de creencia política. Las aspiraciones de toda una generación de catalanistas tradicionales, de socialistas, de progresistas, han sido rechazadas. En su lugar han afirmado que no hay diferencia entre la izquierda y la derecha, que los conservadores ahora deben alinearse con los comunistas, y que deben compartir el mismo objetivo indiviso. Por supuesto, ese “objetivo” no se explica o define y cualquier petición de que se explique es rechazada bruscamente. El impacto en el esquema político tradicional ha sido devastador. Los catalanistas de toda la vida, que se han dedicado por entero a las ideas que tenían sobre cómo promocionar el bienestar de su país, han sido eliminados de la escena política, simplemente porque se niegan a creer que su objetivo ahora debe coincidir con el de los demagogos radicales. Los socialistas de toda la vida, que siempre se habían identificado con el pueblo y con los trabajadores, han tenido que abandonar esa perspectiva e identificarse en cambio con la tradicionalista élite burguesa.


En segundo lugar, los predicadores del nuevo evangelio han declarado en repetidas ocasiones que la hoja de ruta no pretende ser democrática. Es verdad que han pedido reiteradamente el apoyo popular, pero siempre con la condición de que los votos de las personas no siempre cuentan. Proclaman que en una futura elección la mayoría de escaños será decisiva, aunque apenas represente el 30% de los votantes, cifra que es la última estimación citada en el periódico ‘La Vanguardia’. Ese 30%, según ellos, es la auténtica Cataluña, y suficiente para justificar una proclamación de la independencia. Las elecciones, según ellos, son realmente un referéndum, y deben ser aceptadas como un referéndum, incluso si no se reúnen las condiciones requeridas normalmente por una consulta democrática y constitucional de la opinión.


En tercer lugar, con el fin de preparar el camino para la hoja de ruta, han llevado a cabo una campaña masiva para reescribir la historia de su país. El proceso ha sido generosamente financiado por la Generalitat, que dedicó millones a la creación de centros para la “Historia” de Cataluña, y la “Historia” de Barcelona. Más recientemente, un respetado historiador, marxista de toda la vida, ha sido persuadido para producir un estudio sobre la identidad catalana que otro historiador, también catalán y trabajando en París, ha criticado como “culmen del nacional comunismo romántico”. La fusión de comunismo y romanticismo burgués es ahora, de hecho, un ingrediente crucial de la hoja de ruta. Sirve para confundir la información sobre el pasado a disposición de millones de catalanes, cuya historiografía siempre ha sido víctima de la ideología, y nunca tanto como hoy.


En cuarto lugar, ha habido una campaña de desinformación que ha servido para confundir y dividir a los catalanes. La señora que dirige un grupo autodenominado Asamblea Nacional de Cataluña ha hecho discursos afirmando que el pueblo será feliz y libre en la nueva Tierra Prometida, donde estarán a salvo de la depredación del Estado español. La idea es hacer público que todos los catalanes están unidos en su apoyo a la hoja de ruta, que es el único camino a seguir. En la capital comarcal cerca de donde vivo, todas las banderas públicas de los partidos políticos se han eliminado y por lo que yo puedo ver sólo una bandera vuela libremente, una bandera que, como es el caso, no es la bandera nacional de Cataluña, sino la bandera exclusiva de la coalición burguesa comunista que apoya el separatismo. La práctica eliminación de la bandera catalana es, por supuesto, no un hecho de los españoles, sino de los catalanes. Nada demuestra más claramente que el verdadero conflicto generado en los últimos meses ha sido provocado por algunos catalanes contra otros catalanes.






El resultado de estos hechos, respaldado y generado por un puñado de personas, ha sido la creación de un malestar social generalizado. En tiempos pasados, la personas se criticaban unas a otras libremente y por encima de todo criticaban a los españoles, contra los cuales tenían quejas bien establecidas y sobre la base de razones genuinas. Ahora la situación es diferente. Los vecinos ya no se hablan abiertamente entre sí acerca de sus problemas por temor a provocar tensiones. Se ha convertido en indeseable cuestionar las mitologías fabricadas en apoyo a la hoja de ruta. Las falsedades han sustituido a las verdades, la desunión ha sustituido a la antigua unidad entre los sectores de la comunidad. Cataluña se ha vuelto contra sí misma, en lugar de permitírsele continuar con sus opciones históricas auténticas. Ese es el verdadero logro de la alianza electoral entre burguesía y demagogos: la destrucción de la calidad de Cataluña y del genio de su pueblo.



Henry Kamen es historiador británico. Su última obra, publicada por La Esfera de los Libros en 2014, es "España y Cataluña. Historia de una pasión".

6 oct 2015

Federalismo vs Estado de las Autonomías

A veces es necesario conocer la genealogía de las cosas para encontrarles una explicación. El problema de Cataluña viene de lejos y a lo mejor, como decía Ortega, sólo es posible conllevarlo pero la causa próxima que ha colocado a España en el despeñadero se encuentra en la reunión que mantuvieron en Santillana del Mar los socialistas, capitaneados por Maragall y Zapatero. La idea que cobró forma en aquel congreso fue la de: "federalismo asimétrico", un imposible metafísico conociendo a los españoles, porque ¿quién aceptará tener menos competencias que la federación catalana? Nadie; la vida política española se convertiría en una carrera de campanarios a la búsqueda de la competencia perdida. 





Sin duda hubiera podido hacerse algo a este propósito en 1978 pero no ahora. El PSOE vive desde entonces en un mundo virtual en el que, a la manera "de donde vienes, manzanas traigo", a las demandas delirantes del nacionalismo catalán contesta con la cantinela del "federalismo".





El sistema autonómico español ofrece a las comunidades más competencias que las disfrutadas por los länder alemanes; además, la federación se construye para unir lo que está separado lo que no es el caso español. Chapotear en un nominalismo absurdo no solucionará nuestros problemas; si no somos capaces de racionalizar el sistema y explicar al pueblo el por qué, nos veremos arrastrados  a una dialéctica estéril e interminable ( y cara). La pelota está en nuestro tejado.

5 oct 2015

Henning Mankell

Ha muerto el escritor de novela negra Mankell; supo elevar a rango internacional la vieja tradición de la novela policíaca nórdica. 
Hijo de familia burguesa, abandonó repentinamente sus estudios para enrolarse en un barco, trabajó de luthier en París antes de dedicarse a la gran pasión de su vida, el teatro. Como el éxito se le resistia se introdujo en la novela negra donde salió a relucir su habilidad como investigador y creador de misterio. Fue un notable activista político de izquierdas y estuvo casado con la hija del director de cine Ingmar Bergman.
Ésta es la necrológica de El País.






3 oct 2015

Las invasiones bárbaras

Apocalíptico e interesante artículo de Pérez Reverte sobre cuestiones recurrentes en el blog que, aunque quizá peca un poco de determinismo histórico, nos expone la proyección del presente a medio plazo.







Arturo Pérez-Reverte

 

Arturo Pérez-Reverte

En el año 376 después de Cristo, en la frontera del Danubio se presentó una masa enorme de hombres, mujeres y niños. Eran refugiados godos que buscaban asilo, presionados por el avance de las hordas de Atila. Por diversas razones -entre otras, que Roma ya no era lo que había sido- se les permitió penetrar en territorio del imperio, pese a que, a diferencia de oleadas de pueblos inmigrantes anteriores, éstos no habían sido exterminados, esclavizados o sometidos, como se acostumbraba entonces. En los meses siguientes, aquellos refugiados comprobaron que el imperio romano no era el paraíso, que sus gobernantes eran débiles y corruptos, que no había riqueza y comida para todos, y que la injusticia y la codicia se cebaban en ellos. Así que dos años después de cruzar el Danubio, en Adrianópolis, esos mismos godos mataron al emperador Valente y destrozaron su ejército. Y noventa y ocho años después, sus nietos destronaron a Rómulo Augústulo, último emperador, y liquidaron lo que quedaba del imperio romano.
 
Y es que todo ha ocurrido ya. Otra cosa es que lo hayamos olvidado. Que gobernantes irresponsables nos borren los recursos para comprender. Desde que hay memoria, unos pueblos invadieron a otros por hambre, por ambición, por presión de quienes los invadían o maltrataban a ellos. Y todos, hasta hace poco, se defendieron y sostuvieron igual: acuchillando invasores, tomando a sus mujeres, esclavizando a sus hijos. Así se mantuvieron hasta que la Historia acabó con ellos, dando paso a otros imperios que a su vez, llegado el ocaso, sufrieron la misma suerte. El problema que hoy afronta lo que llamamos Europa, u Occidente (el imperio heredero de una civilización compleja, que hunde sus raíces en la Biblia y el Talmud y emparenta con el Corán, que florece en la Iglesia medieval y el Renacimiento, que establece los derechos y libertades del hombre con la Ilustración y la Revolución Francesa), es que todo eso -Homero, Dante, Cervantes, Shakespeare, Newton, Voltaire- tiene fecha de caducidad y se encuentra en liquidación por derribo. Incapaz de sostenerse. De defenderse. Ya sólo tiene dinero. Y el dinero mantiene a salvo un rato, nada más.
 
Pagamos nuestros pecados. La desaparición de los regímenes comunistas y la guerra que un imbécil presidente norteamericano desencadenó en el Medio Oriente para instalar una democracia a la occidental en lugares donde las palabras Islam y Rais -religión mezclada con liderazgos tribales- hacen difícil la democracia, pusieron a hervir la caldera. Cayeron los centuriones -bárbaros también, como al fin de todos los imperios- que vigilaban nuestro limes. Todos esos centuriones eran unos hijos de puta, pero eran nuestros hijos de puta. Sin ellos, sobre las fronteras caen ahora oleadas de desesperados, vanguardia de los modernos bárbaros -en el sentido histórico de la palabra- que cabalgan detrás. Eso nos sitúa en una coyuntura nueva para nosotros pero vieja para el mundo. Una coyuntura inevitablemente histórica, pues estamos donde estaban los imperios incapaces de controlar las oleadas migratorias, pacíficas primero y agresivas luego. Imperios, civilizaciones, mundos que por su debilidad fueron vencidos, se transformaron o desaparecieron. Y los pocos centuriones que hoy quedan en el Rhin o el Danubio están sentenciados. Los condenan nuestro egoísmo, nuestro buenismo hipócrita, nuestra incultura histórica, nuestra cobarde incompetencia. Tarde o temprano, también por simple ley natural, por elemental supervivencia, esos últimos centuriones acabarán poniéndose de parte de los bárbaros.
 
A ver si nos enteramos de una vez: estas batallas, esta guerra, no se van a ganar. Ya no se puede. Nuestra propia dinámica social, religiosa, política, lo impide. Y quienes empujan por detrás a los godos lo saben. Quienes antes frenaban a unos y otros en campos de batalla, degollando a poblaciones enteras, ya no pueden hacerlo. Nuestra civilización, afortunadamente, no tolera esas atrocidades. La mala noticia es que nos pasamos de frenada. La sociedad europea exige hoy a sus ejércitos que sean oenegés, no fuerzas militares. Toda actuación vigorosa -y sólo el vigor compite con ciertas dinámicas de la Historia- queda descartada en origen, y ni siquiera Hitler encontraría hoy un Occidente tan resuelto a enfrentarse a él por las armas como lo estuvo en 1939. Cualquier actuación contra los que empujan a los godos es criticada por fuerzas pacifistas que, con tanta legitimidad ideológica como falta de realismo histórico, se oponen a eso. La demagogia sustituye a la realidad y sus consecuencias. Detalle significativo: las operaciones de vigilancia en el Mediterráneo no son para frenar la emigración, sino para ayudar a los emigrantes a alcanzar con seguridad las costas europeas. Todo, en fin, es una enorme, inevitable contradicción. El ciudadano es mejor ahora que hace siglos, y no tolera cierta clase de injusticias o crueldades. La herramienta histórica de pasar a cuchillo, por tanto, queda felizmente descartada. Ya no puede haber matanza de godos. Por fortuna para la humanidad. Por desgracia para el imperio.
 
Todo eso lleva al núcleo de la cuestión: Europa o como queramos llamar a este cálido ámbito de derechos y libertades, de bienestar económico y social, está roído por dentro y amenazado por fuera. Ni sabe, ni puede, ni quiere, y quizá ni debe defenderse. Vivimos la absurda paradoja de compadecer a los bárbaros, incluso de aplaudirlos, y al mismo tiempo pretender que siga intacta nuestra cómoda forma de vida. Pero las cosas no son tan simples. Los godos seguirán llegando en oleadas, anegando fronteras, caminos y ciudades. Están en su derecho, y tienen justo lo que Europa no tiene: juventud, vigor, decisión y hambre. Cuando esto ocurre hay pocas alternativas, también históricas: si son pocos, los recién llegados se integran en la cultura local y la enriquecen; si son muchos, la transforman o la destruyen. No en un día, por supuesto. Los imperios tardan siglos en desmoronarse.
 
Eso nos mete en el cogollo del asunto: la instalación de los godos, cuando son demasiados, en el interior del imperio. Los conflictos derivados de su presencia. Los derechos que adquieren o deben adquirir, y que es justo y lógico disfruten. Pero ni en el imperio romano ni en la actual Europa hubo o hay para todos; ni trabajo, ni comida, ni hospitales, ni espacios confortables. Además, incluso para las buenas conciencias, no es igual compadecerse de un refugiado en la frontera, de una madre con su hijo cruzando una alambrada o ahogándose en el mar, que verlos instalados en una chabola junto a la propia casa, el jardín, el campo de golf, trampeando a veces para sobrevivir en una sociedad donde las hadas madrinas tienen rota la varita mágica y arrugado el cucurucho. Donde no todos, y cada vez menos, podemos conseguir lo que ambicionamos. Y claro. Hay barriadas, ciudades que se van convirtiendo en polvorines con mecha retardada. De vez en cuando arderán, porque también eso es históricamente inevitable. Y más en una Europa donde las élites intelectuales desaparecen, sofocadas por la mediocridad, y políticos analfabetos y populistas de todo signo, según sopla, copan el poder. El recurso final será una policía más dura y represora, alentada por quienes tienen cosas que perder. Eso alumbrará nuevos conflictos: desfavorecidos clamando por lo que anhelan, ciudadanos furiosos, represalias y ajustes de cuentas. De aquí a poco tiempo, los grupos xenófobos violentos se habrán multiplicado en toda Europa. Y también los de muchos desesperados que elijan la violencia para salir del hambre, la opresión y la injusticia. También parte de la población romana -no todos eran bárbaros- ayudó a los godos en el saqueo, por congraciarse con ellos o por propia iniciativa. Ninguna pax romana beneficia a todos por igual.
 
Y es que no hay forma de parar la Historia. «Tiene que haber una solución», claman editorialistas de periódicos, tertulianos y ciudadanos incapaces de comprender, porque ya nadie lo explica en los colegios, que la Historia no se soluciona, sino que se vive; y, como mucho, se lee y estudia para prevenir fenómenos que nunca son nuevos, pues a menudo, en la historia de la Humanidad, lo nuevo es lo olvidado. Y lo que olvidamos es que no siempre hay solución; que a veces las cosas ocurren de forma irremediable, por pura ley natural: nuevos tiempos, nuevos bárbaros. Mucho quedará de lo viejo, mezclado con lo nuevo; pero la Europa que iluminó el mundo está sentenciada a muerte. Quizá con el tiempo y el mestizaje otros imperios sean mejores que éste; pero ni ustedes ni yo estaremos aquí para comprobarlo. Nosotros nos bajamos en la próxima. En ese trayecto sólo hay dos actitudes razonables. Una es el consuelo analgésico de buscar explicación en la ciencia y la cultura; para, si no impedirlo, que es imposible, al menos comprender por qué todo se va al carajo. Como ese romano al que me gusta imaginar sereno en la ventana de su biblioteca mientras los bárbaros saquean Roma. Pues comprender siempre ayuda a asumir. A soportar.
 
La otra actitud razonable, creo, es adiestrar a los jóvenes pensando en los hijos y nietos de esos jóvenes. Para que afronten con lucidez, valor, humanidad y sentido común el mundo que viene. Para que se adapten a lo inevitable, conservando lo que puedan de cuanto de bueno deje tras de sí el mundo que se extingue. Dándoles herramientas para vivir en un territorio que durante cierto tiempo será caótico, violento y peligroso. Para que peleen por aquello en lo que crean, o para que se resignen a lo inevitable; pero no por estupidez o mansedumbre, sino por lucidez. Por serenidad intelectual. Que sean lo que quieran o puedan: hagámoslos griegos que piensen, troyanos que luchen, romanos conscientes -llegado el caso- de la digna altivez del suicidio. Hagámoslos supervivientes mestizos, dispuestos a encarar sin complejos el mundo nuevo y mejorarlo; pero no los embauquemos con demagogias baratas y cuentos de Walt Disney. Ya es hora de que en los colegios, en los hogares, en la vida, hablemos a nuestros hijos mirándolos a los ojos. 
XL Semanal

29 sept 2015

Zoco

Ayer falleció Ignacio Zoco. Era representante de lo mejor de esa España que entraba deprisa en el siglo XX, el de nuestros vecinos. Era deportista; fue un importante jugador de Osasuna y del Real Madrid. Jugó en una selección española que mereció ganarlo todo y sólo ganó una copa, unico título de la selección absoluta hasta 2008.





 





Zoco y su mujer son miembros de la generación que hizo la transición, llegados a su madurez vieron la forma de ayudar al desembarco del último cambio necesario en España: el político. Fue directivo del Real Madrid y presidente de honor de la asociación de exjugadores tras la muerte de Di Stéfano. 
Descanse en Paz.






23 sept 2015

Ruiz Mateos

Suele decirse de la obra del cineasta español Luis García Berlanga que era la recreación surrealista de España, agrandando algunas tendencias y defectos de forma humorística. Pero lo cierto es que muchas veces la realidad española se acerca hasta rozar a lo que Berlanga pintaba, es una realidad esperpéntica pero muy real. 
Ha muerto José María Ruiz Mateos uno de esos individuos que serían inexplicables fuera de España; no quiero decir con esto que en el extranjero no haya gente estrambótica, pero a su manera, cada país tiene su estilo. 


Recuerdo las imágenes en la televisión de aquel bar de Zarauz, "yo te pego leche", y todo el bar estalló en un aplauso. Rumasa fue la reunión de un iluminado español y una chapuza jurídica de estilo nuestro.


Descanse en paz.

28 ago 2015

Rafael Chirbes

Ha muerto el escritor Rafael Chirbes, es autor del libro en el que se inspira la serie Crematorio y aquí se hace una necrológica de El País.


https://elpais.com/cultura/2015/08/20/babelia/1440069257_964641.html

24 ago 2015

Les Luthiers

Hace varios años vi a Les Luthiers en Madrid, ya los conocía gracias a hilarantes discos donde se nos describía desde la composición del nuevo gobierno hasta el desfile en conmemoración de la victoria sobre los indios. Ha muerto Daniel Rabinovich y ya no oiremos sus monólogos pero Les Luthiers son una empresa que sustituye a sus caídos; volveremos a verlos.






16 ago 2015

La educación ideal

Cuando se habla de educación, y hay mucho que hablar si tenemos en cuenta los malos resultados de nuestros chicos (y chicas) en la competición internacional, nos encontramos con el dilema de optar por una educación que forme ciudadanos u otra que forme gente preparada para alimentar el mercado de trabajo. Es una elección falsa; la preparación de un ciudadano nos permitirá posteriormente formar a un trabajador. 
Vistos los logros de la LOMCE, quizá pueda atribuirme el derecho a opinar también sobre el modelo educativo, teniendo en cuenta los resultados que se han producido gracias a los expertos. 






Lo primero que hay que enseñar, pasados los niveles preescolares, es la lengua materna; pero la materna, es decir la que nos ha enseñado nuestra madre y no otra. Es necesario hablar, leer y escribir bien; lo que requerirá, a lo largo de la enseñanza primaria y secundaria, la capacidad de interpretar textos complejos, un cúmulo de lecturas, novela y ensayo con sus respectivos análisis, declamar poesía y representar teatro pues no existe mejor entrenamiento para las relaciones humanas. 
Será necesario desarrollar la capacidad de razonamiento con las matemáticas (conocimiento del lenguaje matemático, y su traducción, así como problemas lógicos) y las lenguas clásicas, latín y griego, dada la influencia que tienen en nuestro idioma. 
Desarrollaremos después un corpus de enseñanza histórica: política, literaria, de la vida privada, científica, social, religiosa y geográfica, y sólo después entraremos en la enseñanza de la física, la química y las ciencias naturales. 









La formación deportiva, al margen del ejercicio gimnástico y atlético, no tiene como misión el alcanzar otra meta que no sea el desarrollo del cuerpo y el alma, con deportes de equipo, marchas y acampadas; destaco entre estos la navegación a vela que obliga a cumplir ineludiblemente con un trabajo y la escalada que educa en el dominio ante el riesgo y a depender de otros. 
Las actividades extraescolares se centran en el conocimiento y manejo de ordenadores, música, pintura y dibujo más bien orientados a entender estas artes y desarrollar su aprecio. 
Para completar debe favorecerse el conocimiento de al menos una lengua extranjera; en este momento el inglés es la lengua franca y aunque hay un magnífico corpus de traductores e intérpretes no está de más su conocimiento profundo así como el de su cultura.







Desde el punto de vista transversal, la educación debe preparar el entrenamiento de la memoria; bien está la existencia de bibliotecas, bases de datos e internet pero hay que recordar lo que se busca. La educación debe enseñar sí a colaborar en equipo pero no debe despreciar la competencia ( los exámenes) ya que la vida nos exige competir en cualquier tipo de sociedad. 
Por último la educación debe ser pública y también privada, con financiación pública al menos en parte, ya que así lo exige la Constitución y el sentido común pero el Estado debe preservar la unidad de niveles y programas con evaluaciones periódicas. La selectividad se realizará vía examen autónomo de cada facultad.

8 ago 2015

Garrigues

                                          




Los Garrigues han sido desde siempre una familia de tradición política; el padre de la saga fue diplomático y ministro, con Franco y en la transición; un hijo fue uno de los cerebros del cambio de régimen y de la UCD, Joaquín Garrigues, pero murió y el representante actual de esta gran familia, Antonio, no deja de divagar y actuar sin sentido.
Antonio Garrigues, por herencia, figura en los foros de discusión más influyentes como la Comisión Trilateral, su bufete es uno de los más importantes de Madrid pero de vez en cuando nos regala perlas como este artículo en la tercera de ABC.




Inteligencia artificial

ABC | Antonio Garrigues Walker



Stephen Hawking ha planteado esta confrontación en términos dramáticos: «La inteligencia artificial puede suponer el fin de la humanidad». Según este científico, los sistemas avanzados de inteligencia artificial tendrán la capacidad de «tomar el control de los mismos, rediseñándose a un ritmo que aumentará cada vez más», un ritmo que «los humanos, limitados por su evolución biológica, no podrán seguir, y serán superados».

Ray Kurzweil –para algunos, un visionario narcisista, y para Bill Gates, «el mejor predictor del futuro de la inteligencia artificial»– tiene una visión más optimista sobre el futuro de la raza humana, aunque acepta que en 2029 los computadores alcanzarán nuestro nivel de inteligencia, pero mantiene que lograremos superar el proceso de envejecimiento y aspirar a una vida sin límite temporal, aunque sea conectados a un computador. Por de pronto ingiere cada día 150 pastillas diferentes y se inyecta un cóctel de vitaminas, suplementos alimenticios y sustancias químicas.






Entre estas dos posturas hay opiniones de todo género y para todos los gustos. El Wall Street Journal reunió recientemente a varios expertos para debatir estos temas. Un directivo de IBM, Guruduth Banavar, cree que el «peligroso» conflicto entre máquinas y seres humanos es un conflicto falso alimentado por las películas y las novelas de ciencia ficción y que lo que ha mejorado y va a seguir haciéndolo es la colaboración entre ambos y que esa sinergia ha dado lugar ya a avances espectaculares y seguirá haciéndolo en el futuro. Las máquinas aportarán lo que no pueden hacer los humanos –y en concreto el manejo de datos masivos, los «bigdata»–, y los humanos aquello para lo que las máquinas no están capacitadas, como la formulación de preguntas y los razonamientos lógicos.




Jean Tallin –creador de un «centro sobre el riesgo existencial y el futuro de la vida»– es más sensible a los potenciales peligros de la inteligencia artificial y aconseja que se adopten desde ya las debidas precauciones para que las máquinas no estén en condiciones de tomar por sí mismas –como ya ha sucedido en el mundo financiero y en el médico– decisiones irresponsables. «Es importante –afirma– que mantengamos un cierto control sobre la posición de los átomos en nuestro universo y no cederlo inadvertidamente al mundo de la inteligencia artificial».

Paul Saffo, profesor de Stanford y también de la Singularity University (Universidad de la Singularidad) que fue fundada por Ray Kurzweil, afirma que las máquinas podrán hacer cualquier cosa, ¡incluso sushi!, y que, de hecho, ya estamos rodeados de máquinas que hacen todo mejor que nosotros. Añade que el problema no es, por lo tanto, si habrá o no inteligencia artificial, sino cuál será el lugar que ocuparán los seres humanos en un mundo cada vez más influenciado y dirigido por máquinas.






Siguiendo en esta línea, la revista Edge preguntó a varios expertos si las máquinas podrían llegar a pensar, y las reacciones están llenas de interés: el físico y premio Nobel Frank Wilczek lo ve como una posibilidad remota pero asumible, y afirma que «conforme avanza la neurociencia molecular y los ordenadores reproducen cada vez más los comportamientos que denominamos “inteligentes” en humanos, esa hipótesis parece cada vez más verosímil». El astrofísico John Mather coincide con Wilczek y afirma que «hasta ahora no hemos encontrado ninguna ley natural que impida el desarrollo de la inteligencia artificial, así que veo que será una realidad y bastante pronto», teniendo en cuenta las ingentes inversiones que se están realizando. Por el contrario, el filósofo Daniel Dennett considera esta posibilidad una leyenda urbana y afirma que el peligro no está en que existan máquinas más inteligentes que nosotros, sino en la cesión de nuestra autoridad a máquinas estúpidas e irresponsables, que es justamente lo que estamos haciendo.





¿Cómo penetrar en este debate? ¿Cómo orientarse ante tanta complejidad? Además de renunciar a cualquier tentación dogmática, sería útil tener en cuenta las siguientes ideas básicas, que son también enteramente discutibles y necesitan ser discutidas.

—Los seres humanos se han adaptado y se seguirán adaptando con naturalidad y sin excesivos problemas a todos los cambios tecnológicos y científicos que se produzcan. De hecho, ya se han producido cambios (el avión, la imprenta, la luz eléctrica, entre ellos) más esenciales, en términos de situación cultural, que los que estamos viviendo en la actualidad. Es cierto que el proceso se ha acelerado y se va a seguir acelerando de forma significativa, pero si pensamos en las transformaciones tecnocientíficas de los últimos veinticinco años nos asombraremos de que la condición humana se haya mantenido intacta, y, por lo tanto, es perfectamente previsible que suceda lo mismo en el futuro. ¿Es esto así o nos enfrentamos a un cambio mucho más esencial y transformador que los anteriores?

—La diferencia entre máquinas y seres humanos podría residir fundamentalmente en el terreno de las emociones y los sentimientos, y la pregunta inevitable es si las máquinas podrán llegar a tenerlos. En ese terreno no hay duda de que las máquinas podrán crecer asombrosamente en inteligencia, pero la idea de que algún día pudieran también tener emociones (miedo, alegría, celos, amor, envidia, vanidad, etc.) resulta para una mayoría de científicos inasumible, aunque haya también excepciones a esta posición. Para muchos expertos la evolución y la sinergia de la nanotecnología y la biotecnología podrían lograr que los átomos de un robot pudieran funcionar de tal forma que dieran lugar a emociones auténticas. Nuestro médico Pedro García Barreno afirma, en este sentido, que «la apropiación exclusiva por la especie humana del mundo de las emociones es un mero acto de soberbia».

—Lo que parece claro es que este tema requiere un tratamiento multidimensional y multicultural. Como decía Karl Popper, «los problemas pueden atravesar los límites de cualquier disciplina. Somos estudiosos de problemas, no de disciplinas». Lo primero que tenemos que hacer es conocer a fondo –y el desconocimiento real es prácticamente absoluto– lo que está sucediendo en el mundo de la ciencia y la tecnología, incluyendo sus propias inquietudes y dilemas. Y después de ello habrá que organizar debates sobre la inteligencia artificial, y otros muchos temas derivados, en los que, juntamente con los científicos, participen filósofos, sociólogos, juristas, economistas, políticos y representantes del mundo cultural y de las profesiones liberales, para que unos y otros manifiesten sus posturas y sus inquietudes y se enriquezcan con las perspectivas ajenas. Solo así podremos aproximarnos a una forma de verdad sobre la que fijar actitudes y tomar decisiones.

–Y un último pensamiento: visto lo visto en el mundo actual, la idea de que una máquina supere la inteligencia humana no parece un reto excesivo. Ese es uno de los temas que se abordan en la ópera «My square Lady», de Gob Squad, que se acaba de estrenar en la ópera de Berlín, en la que a través del diálogo con el robot Myon se intenta concretar qué es lo que convierte a una persona en persona y cómo podría un robot lograrlo.




Antonio Garrigues Walker, jurista.