10 dic. 2010

Wikileaks y la Deontología

Somos hijos de nuestro tiempo. Cuando era pequeño pasaba la tarde de los sábados viendo viejas películas de la II Guerra Mundial, en la televisión, en un programa que se llamaba Sesión de Tarde, por lo visto durante la guerra se habían realizado innumerables películas de propaganda en las que los americanos vencían brillantemente.







Mi idea de la guerra se generó viendo esas películas, y así permanece, aunque la realidad actual nada tiene que ver con aquello, y no es que las viejas películas no representaran bien el fenómeno, es que el tiempo no pasa en balde.







Mi padre, también hijo de su tiempo, no era un hombre muy piadoso ni entregado al estudio de la Teología pero a su manera creía, e iba a misa todos los domingos, si le interrogabas respondía que algo debía de haber y que a él le habían educado de esa manera. Lo que veo por la televisión, en los libros o en otros medios me obliga a rehacer mi visión del mundo, y eso es algo costoso de manera que lo hacemos pero sólo mientras queremos o podemos.


















Las filtraciones de documentos clasificados del ejército estadounidense que Wikileaks realizó en julio sobre la guerra de Afganistán, y que ha vuelto a efectuar ahora sobre la guerra de Irak, difícilmente podrán considerarse un ejercicio de periodismo en la medida en que no discrimina entre los tipos y la importancia de la información que está publicando.

















Con la excusa de buscar transparencia y revelar la verdad, les hace el trabajo sucio a nuestros enemigos los islamistas (por ejemplo revelar, tal y como sucedió en Afganistán, los nombres de los informantes del ejército estadounidense); pues, aunque muchos quieran olvidarlo, seguimos estando en una guerra global contra el terrorismo de corte islamista, y ellos, nuestros enemigos, desde luego no lo han olvidado.
















La lógica de la guerra está perfectamente representada en la actuación de Gengis Khan, que era consciente de que la no aplicación de su poder podía llevarle a la derrota y a la esclavitud; por ello, cuando sitiaba una ciudad, comunicaba a sus habitantes que tenían dos opciones: o se rendían, con lo que pasarían a ser súbditos del Khan, pagarían tributos etc., o resistían, con lo que una vez vencidos serían ejecutados todos los varones, esclavizadas las mujeres y la ciudad destruida hasta los cimientos.








Ahora se nos obliga a picar con pico de mariposa; a nuestros enemigos les salen extraños aliados en nuestros progresistas, que alimentan su buenismo y mala intención con nuestros riesgos. Se debe actuar en la guerra según la lógica maquiavélica, sin perder de vista nuestro actual humanitarismo.




















Ni es antisistema ni es antiamericano. Así se define Julian Assange, australiano, hacker, periodista radical y fundador de Wikileaks. Será entonces pura coincidencia que el próximo en hacer caer, según ha confirmado el propio Assange en una entrevista, será un banco norteamericano del que amenaza revelará escabrosos documentos. Casualidad.









Wikileaks es famoso desde que publicó, hace más de cuatro meses, miles de documentos secretos de la guerra de Afganistán sin filtrar ni comprobar, de los que no eliminaron nombres y datos que identificaban a civiles afganos que ayudaron a las tropas norteamericanas. Poco después de la publicación, fuentes taliban informaron que estaban utilizando los documentos para preparar una purga. Lógico: a caballo regalado...










Después se sacaron a la luz una cantidad cuatro veces mayor de documentos relativos a Irak. En ambas ocasiones el Pentágono y otros departamentos del Gobierno norteamericano acusaron a Assange de irresponsable y de poner en riesgo la seguridad nacional, invitándole a no causar más daño. No sólo no recapacitó, sino que amenazó con más documentos robados, con los que siguió traficando con algunos medios de comunicación.










Se ignora si alguien en Washington intentó tomar medidas drásticas para frenar el continuo chorreo de documentos secretos, pero parece que no ha sido así. Puede que la primera vez, cuando se revelaron los documentos sobre Afganistán, les pillara por sorpresa; pero a estas alturas, ¿quién no se pregunta cómo es posible que un personaje así se salga con la suya por tercera vez consecutiva?









¿No tiene Estados Unidos la suficiente capacidad, tecnología y recursos para frenar estas ciber-revelaciones? ¿O es la administración Obama, la que no ha tomado ninguna medida, no ha sabido tomarla o no ha querido manejar el tema? El caso es que existe un "zar del ciberespacio" y un cibercomando de Estados Unidos, oficialmente activado en mayo de 2010, aunque sólo recientemente ha conseguido la plena operatividad, a los que todos miran y de los que todos esperan que a partir de ahora actúe en relación a Wikileaks. Aunque no será fácil, puesto que ya se está poniendo en duda la legalidad de sus futuras operaciones ofensivas, como el cierre de parte de una red informática.











Y mientras el nuevo comando trata de arrancar un margen de maniobra suficiente, para poder emplearse a fondo en el espectro de las operaciones en el ciberespacio, creemos que es hora de exigir que Assange pague ante la justicia por haber puesto en peligro la vida de algunas personas, y hacer circular sin control informaciones importantes. Esto nada tiene que ver con acciones supuestamente neutrales destinadas a revelar abusos secretos, y contra los que él considera que abusan del poder.















No se cuestiona la veracidad de las informaciones, muchas veces secretos a voces, como que los países árabes son los que más temen un Irán nuclear o verdades como templos como que Estados Unidos está preocupado por el terrorismo. De lo que se trata es de un hecho delictivo que se puede repetir.








Por eso, más allá de que es de desear que Assange esté pronto a buen recaudo, el problema es la aparente falta acción, y la incapacidad principalmente de la Administración de Obama, de poner freno a las últimas revelaciones. Y eso que estaba avisada tras lo de Afganistán e Irak. ¿Cómo ha podido pasar una tercera vez?







En relación con Assange, éste se asemeja a un psicópata que quiere estar en el centro del espectáculo caiga quien caiga, no le importan las consecuencias de las filtraciones y es despreciado tanto por sus colegas como por sus antiguas mujeres; sin que esto tenga que ver con la extraña acusación a la que se enfrenta en Suecia, que parece hecha a propósito para realizar un juicio paralelo aderezado de filtraciones.

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