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30 jun 2019

Eduardo Fungairiño

Ha muerto el que fuera fiscal de la Audiencia Nacional en los momentos duros de la victoria contra ETA y ésta es la necrológica de El Mundo.





4 may 2018

El fin de ETA

Tras los innumerables "altos el fuego" y los espectáculos de desarme, todos ellos hechos en función del calendario electoral, viene el apoteosis final de la disolución.
Hace unos días ETA escenificó una curiosa "petición de perdón" a las víctimas, sólo algunas, y el día 3 leyó un comunicado de disolución desde Suiza. Quien lo leyó, en la BBC, era el histórico dirigente Josu Ternera, a cara descubierta.










El acto "institucional" y "notarial" ha sido hoy viernes 4 de mayo de 2018 en Francia, 50 años después del primer asesinato de la banda. 
Quedan por esclarecer más de trescientos crímenes y reconocer la inutilidad del terrorismo; las víctimas no pueden aceptar este final... y nosotros tampoco.
Habrá que hacer la necesaria recopilación histórica y pedagogía para colocar en su sitio la enormidad de los crímenes y la insensatez.








23 may 2017

Atentado en Manchester

Una vez más un atentado de esta guerra que nos enfrenta al terror. En esta dirección se puede seguir la secuencia de los acontecimientos.
Creo que ya está dicho todo.



12 abr 2017

Desarme de ETA

Ha sido noticia del día 7 de abril, el enésimo acto del entorno abertzale para llamar la atención ya que ahora no pueden hacerlo realizando atentados. La escenificación es consecuencia de los dos o tres "alto el fuego" definitivos y unilaterales hasta el definitivo de 2011. Han intentado realizar el espectáculo varias veces pero la policía deteniendo y ellos haciendo el ridículo no habían podido hacerlo bien; esta vez sí han entregado una buena cantidad de armas y explosivos, probablemente no todos porque el espectáculo debe continuar.





En el acto han participado un elenco de profesionales de la pacificación y la equidistancia, se les llama verificadores que han demostrado su neutralidad llamando a los españoles una cosa no distinta que "primitivos". 
¡Primitivos! La izquierda abertzale llama primitivos al resto. Es como si los esquimales se quejaran de lo frío que es el entorno mediterráneo o los pigmeos llamaran enanos a los demás.





Como anécdota contaré que al día siguiente del teatro tuve que viajar a la ciudad donde la izquierda abertzale celebraba su tropecientos acto-concentración: la korrika. Los numerosos participantes permanecían en su burbuja autista hasta que hizo acto de presencia el zapantzar de Ituren tocando el cencerro y todo el mundo estalló en aplausos y goras, está dicho todo.

4 oct 2016

Referéndum en Colombia

El pueblo de Colombia, al menos el 30% que ha votado, ha dicho no al acuerdo de paz con la guerrilla. Tenemos que ser conscientes de que en Colombia no había una guerra sino un grupo insurgente, terrorista y narcotraficante. El acuerdo de paz era la entrada por la puerta de atras de una nueva constitución, de un país dentro de el país y a la postre del fin de la República de Colombia. Todos los poderes del mundo desde la prensa USA al presidente Obama, de la UE al Papa; toda la prensa internacional no ha podido convencer a los colombianos... por algo será.



He aquí algunos artículos sobre el problema.

Colombia después del plebiscito de paz


Contrariamente a la opinión generalizada de que el presidente colombiano, Juan Manuel Santos, fue el gran perdedor del referendo en el que una mayoría votó en contra de su acuerdo de paz con la guerrilla, los principales perdedores del plebiscito fueron las FARC y sus aliados en Cuba y Venezuela.







Es cierto que Santos sufrió una derrota inesperada. Todas las encuestas habían pronosticado que su acuerdo con las FARC sería aprobado por una abrumadora mayoría. Pero el revés en las urnas del acuerdo de paz de 297 páginas ha dejado a los comandantes de la FARC más aislados que nunca, y con un futuro más que incierto.

Según el acuerdo de paz, los miembros de las FARC acusados de crímenes de guerra habrían recibido condenas en gran parte simbólicas –haciendo trabajo comunitario en áreas restringidas, en lugar de ir a la cárcel– y habrían recibido automáticamente 10 bancas en el Congreso.
Además, muchas de las aproximadamente 7.000 tropas desmovilizadas de las FARC habrían recibido una ayuda económica para reinsertarse en la vida civil.
Muchos colombianos votaron por el “No” por sentir que Santos había hecho demasiadas concesiones a las FARC, y que su acuerdo sería difícil de implementar.



¿Qué va a pasar ahora? Entre los escenarios posibles:
- El escenario más optimista: una renegociación exitosa de los acuerdos, con aportes del expresidente Álvaro Uribe –el líder del movimiento en contra de los acuerdos de paz firmados por Santos– que lleve a un nuevo acuerdo con las FARC. Pero los líderes de las FARC dicen que nunca aceptarán las penas de cárcel que exige Uribe, o hacer otras concesiones importantes más allá de las que ya hicieron.
–La tregua indefinida: Santos y las FARC pueden renovar indefinidamente su alto el fuego mientras negocian un nuevo acuerdo de paz. Sin embargo, expertos militares advierten que las FARC volverían a sus actividades de narcotráfico y secuestro para poder sostenerse financieramente, y eso llevaría tarde o temprano a nuevos choques con el ejército y a una escalada del conflicto.
–La vuelta a la guerra: Los comandantes de las FARC podrían rechazar una nueva oferta de paz del Gobierno y volver a la clandestinidad. Sin embargo, aunque las FARC pueden seguir viviendo de actividades ilícitas, podrían quedarse pronto sin apoyo internacional o refugio en países vecinos. Los gobiernos de Venezuela y Ecuador están en jaque, y el de Cuba sigue estrechando lazos con Washington en busca de un salvavidas para su economía.
–El escenario de una lenta desintegración de las FARC. Un artículo publicado por el profesor de la Escuela Superior de Guerra del Ejército de Estados Unidos Evan Ellis y el experto en seguridad colombiano Román D. Ortiz en el sitio web de la escuela Superior de Guerra del Ejército de EE.UU. sugiere que muchos rebeldes de las FARC abandonarán esa organización.





“El rechazo de los acuerdos hará que las FARC sean aún menos viables como una organización unida”, dicen. Agregan que mientras que el liderazgo de las FARC seguirá negociando la paz, “la nueva incertidumbre hará que muchos miembros de mediano rango del grupo guerrillero no quieran asumir el riesgo de participar en el proceso de desmovilización, prefiriendo una existencia fuera de la ley, y vivir de actividades ilícitas”.
Mi opinión: Los comandantes de las FARC están ahora frente a la posibilidad de que un gobierno de centro-derecha cercano a Uribe gane las elecciones del 2018, y que el próximo gobierno exija a Cuba, Venezuela y Ecuador que les niegue refugio, o los extradite. Y no pueden estar muy seguros de que sus tradicionales aliados en esos tres países sigan en el poder por mucho tiempo.
Nada de esto significará el final de la violencia en Colombia. Pero no podemos descartar que uno de los resultados de referéndum sea –como lo sugieren Ellis y Ortiz– una desintegración en cámara lenta de las FARC, y que sus miembros se unan a bandas criminales más pequeñas. Si eso sería bueno o malo para el país es algo que habría que estudiar más a fondo.
ABC



23 jul 2016

Nuevos atentados en Francia y Alemania

Nuevos atentados en esta guerra no declarada. ¿Cuál es la razón para la eclosión de combatientes locos que parecen surgir como por ensalmo? Se trata de una serie de circunstancias además del esfuerzo de ciertas élites para destruir cualquier atisbo de estabilidad y tradición en nuestras sociedades. La religión islámica no tiene estructuras eclesiásticas al modo de las religiones positivas cristianas; sólo tiene el Corán y libros sagrados en árabe. Ciertas mezquitas están siendo tomadas sigilosamente por fundamentalistas que sustituyen a los antiguos imanes eliminados por el paso del tiempo. La juventud islámica europea, a veces de tercera generación, se siente excluida de los mejores trabajos y tampoco tiene interés en esforzarse porque piensa que es inútil; los grupos islamistas dominan Internet y ahí reclutan a los soldados del daesh. 





 




La sociedades islámicas, sometidas al paro, no están en condiciones de desarrollar en su seno un sano relativismo y son un hervidero de creencias radicales, viven en el sueño de la leyenda. Hay poderes mundiales dispuestos (e interesados) a desestabilizar Europa, y el Medio Oriente, y nosotros no estamos dispuestos a coger el toro por los cuernos. Ésta es la situación hoy de esta guerra que estamos perdiendo.

26 mar 2016

Atentado en Bruselas

Estamos sumergidos en una guerra asimétrica que no nos dará respiro. Esta vez ha sido en Bruselas a dos pasos de las instituciones de la UE pero como ha dicho Rajoy "no hay muertos españoles" (eso creía él) y parece que tampoco funcionarios de la Unión. 
Entre las cosas que nuestra decadente civilización a exportado al mundo con éxito está el terrorismo, también hemos importado familias enteras islámicas educando a sus hijos y en la conjunción de los dos fenómenos aparecen estos jóvenes europeos de formación occidental y brutal fanatismo. La médula de nuestra cultura está seca pero seguimos fabricando artefactos con potencial suficiente de imposición, nuestro mundo cae pero otro lo sustituirá.
En el primero de estos escritos hay un programa optimista de defensa y lucha contra el terror; su autor es Jorge Dezcallar, un experto en asuntos islámicos que no estuvo muy acertado el 11M. El segundo es de Pepe García Domínguez sobre el origen europeo de este tipo de terrorismo.





El Confidencial Jorge Dezcallar.



El terrorismo ha vuelto a teñir de sangre una ciudad europea. Esta vez ha sido Bruselas, con atentados en el aeropuerto y en una estación de metro al comienzo de la Semana Santa. Aunque no está aún confirmado, el ministro español de Exteriores los ha atribuido al Estado Islámico que quiere traer el combate al corazón de Europa. Sus jerifaltes son sin duda extremistas religiosos pero no son imbéciles y por eso cabe preguntarse las razones de atacar a Occidente cuando parecen perder algo de fuelle, haber sufrido pérdidas territoriales en Siria y también en Iraq, tener deserciones cada vez más frecuentes y estar siendo bombardeados a diario.



El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas ha conseguido poner de acuerdo a gentes con intereses tan dispares en Siria como son los rusos, los norteamericanos, los turcos, los saudíes y los iraníes, que no era nada fácil, en el objetivo de pacificar el país, aunque cada uno entienda de manera diferente lo que eso implica y qué prioridad tiene el Estado Islámico en este proyecto. Pero si esto es así, ¿por qué irritarnos más aún con esos ataques terroristas en París, en Los Ángeles, al avión ruso de Sharm el Sheik, en Ankara, en Estambul, en Beirut y ahora en Bruselas? (Los ataques terroristas contra hoteles en Bamako, Uagadugu y Costa de Marfil han sido obra de Al Qaeda, que está también ocupada en estos momentos en aprovechar el vacío de poder producido por la guerra en Yemen para tratar de hacerse con un "territorio liberado" a su disposición).

La venganza y demostrar que son capaces de hacer daño puede ser la intención primordial del ataque de Bruselas tras la detención de Salah Abdeslam

Con los saudíes todavía no se han metido porque esos tan pronto les bombardean (pero menos) como les llenan los bolsillos por vías indirectas. Parece que el interés del Estado Islámico debería ser más bien concentrarse en los varios campos de batalla que tiene abiertos, ahora que también se ha plantado en Libia –desde donde amenaza con otra oleada de refugiados hacia las costas europeas– y no desperdigar esfuerzos. Pero este análisis es equivocado y la prueba son los centenares de asesinatos que llevamos últimamente.

De hecho, el Estado Islámico tiene poderosas razones para atacar a Occidente:

La primera es precisamente la de subir la moral de sus tropas cuando peor les van las cosas sobre el terreno y cuando sus operativos son detenidos en Europa. Se diría que la venganza y demostrar que siguen siendo capaces de hacer daño puede ser la intención primordial del ataque de Bruselas apenas unos días después de la detención de Salah Abdeslam, el "enemigo público número uno" tras haber participado y luego huido de los atentados de París, donde murieron 130 personas. Hacerles ver que les pueden estar zurrando pero que deben llevar la cabeza alta porque son capaces de responder cuando menos lo esperamos "donde más nos duele": en casa, en la retaguardia y provocarnos muchas muertes y mucho dolor. El hecho de que los atentados se hayan producido en la capital de un país con alerta máxima por riesgo de terrorismo solo añade sarcasmo a la tragedia, aunque también obliga a hacernos algunas preguntas. Por eso, en cuanto puedan volverán a atacar, es algo sobre lo que no debemos hacernos ilusiones. Y cuanto peor les vaya, mayor será el riesgo.



La segunda es poner en práctica real la guerra asimétrica que les enfrenta a la coalición internacional y responder con sus propias armas a los bombardeos a que se les somete. Ellos no tienen aviación y no pueden bombardear, tampoco tienen una Marina que les permita atacar nuestras costas y responden de la forma que pueden, con lucha de guerrillas sobre el terreno y con el arma del terrorismo -que ellos consideran legítima lucha armada- contra quienes han venido de lejos a atacarles, aunque ese no sea precisamente el caso de Bélgica, que es objetivo tanto por una razón de oportunidad, porque hay allí una amplia comunidad musulmana que proporciona a la vez reclutas y posibilidades de ocultamiento, como porque Bruselas es la capital de Europa y la sede de las instituciones europeas, muy cerca de las cuales está la estación de metro atacada el lunes.

La tercera es irritarnos y obligarnos a meternos cada vez más en su guerra porque en su lógica mesiánica el Estado Islámico es solo una fase de un proceso para traer al mundo el triunfo del Islam, que pasa por la conquista de Estambul, la nueva Roma, y la posterior derrota y destrucción del propio Estado Islámico. Quieren ser derrotados, por raro que nos parezca, porque eso será la señal del fin del mundo. No es una broma, así lo creen y puesto que tiene que suceder, cuanto antes ocurra, mejor. A fin de cuentas, les esperan las huríes en el paraíso.

La cuarta es que cuanto más les ataquemos, más podrán presentar su lucha de liberación como algo que no va dirigido contra hermanos musulmanes desviados, yazidíes blasfemos o apóstatas chiítas (algo que, por ejemplo, suscita críticas de la propia Al Qaeda, la franquicia terrorista rival), sino contra los malvados cruzados cristianos, que tan mal recuerdo han dejado en el universo mental musulmán. La derrota de reino cristiano de Jerusalén, de los Godofredos, Federicos y Ricardos y la expulsión final de los cruzados por Saladino (cuya tumba, cubierta de seda verde, está detrás de la mezquita de los Omeyas, en Damasco) es algo que se saben de memoria todos los niños árabes y ahora sirve para movilizar a los jóvenes en contra de los nuevos cruzados que han cambiado lanzas y espadas por misiles y drones. Según esta lógica, cuantos más bombardeos sufran, más reclutas acudirán a luchar bajo la negra bandera del Daesh y en esto no andan desencaminados.

Quieren ser derrotados, por raro que nos parezca, porque eso será la señal del fin del mundo. A fin de cuentas, les esperan las huríes en el paraíso.

La quinta es que al sufrir estos bombardeos esperan crear problemas de conciencia y de identidad entre la gran comunidad musulmana residente en Europa y en los EEUU y cuyo proceso de integración en más que defectuoso. Y dificultar la convivencia, creando brechas infranqueables entre las comunidades de culturas y religiones diferentes. Estos musulmanes que viven entre nosotros pero que no se han integrado ni económicamente, ni socialmente, ni culturalmente, que viven en 'ghettos' de miseria en la periferia de las grandes ciudades sin trabajo ni esperanza de tenerlo, y que tienen con frecuencia crisis serias de identidad, pueden sentirse atraídos por quién les ofrece un sentido de pertenencia y un objetivo a sus vidas, y verse así arrastrados a formar una quinta columna en Europa y en América dispuesta a actuar cometiendo atentados terroristas en nuestras calles como lobos solitarios o formando pequeños grupos. Al fin y al cabo los atentados terroristas del tipo de París o Bruselas son muy baratos y fáciles de preparar y de llevar a cabo. No exigen ni transferencias de dinero, ni tecnologías o armas muy sofisticadas.

Y la sexta razón podría ser la de crear el caos entre nosotros, obligarnos a cerrar aeropuertos y a cancelar vuelos en plenas vacaciones de Semana Santa, llevar el miedo y la irritación a nuestros hogares, excitar los sentimientos xenófobos y populistas que tanto daño hacen a nuestra convivencia democrática, crear desconfianzas entre los estados europeos y cerrar fronteras (se ha cerrado la frontera franco-belga) contribuyendo a poner otro clavo en lo que algunos quisieran que fuera el féretro del Acuerdo de Schengen. Porque, en definitiva, cuanto más débil sea Europa, cuanto más descoordinadamente actuemos, mejor para nuestros enemigos.

De modo que los ataques terroristas forman parte de un plan muy meditado y por eso continuarán siempre que tengan oportunidades para llevarlos a cabo, porque constituyen un instrumento al servicio de los designios estratégicos del Estado Islámico y si no los hay con más frecuencia no es por falta de ganas sino porque no pueden, por la eficacia de los servicios de Inteligencia y de las Fuerzas de Seguridad, que también participan en esta lucha y que no paran de frustrar intentos y de detener a terroristas. No hay que olvidar que el Estado Islámico no es un grupo terrorista como otros sino un grupo insurgente que utiliza el terrorismo para lograr sus fines. Pero estoy convencido de que le acabaremos venciendo y que lo lograremos sin que el fin de su mundo signifique el fin del nuestro. Hasta entonces, toca pelear. Y a veces, sufrir.
 



Los islamistas son nuestros hijos



José García Domínguez, Libertaddigital







Otra matanza indiscriminada. Esta vez en Bruselas. Occidente, sostiene John Gray, sin duda el último gran pensador que nos queda en Europa, vive poseído por el mito de que, a medida que el resto de mundo absorba la ciencia aplicada a la técnica y devenga moderno, se convertirá en más laico, tolerante, mercantil y pacífico como, pese a todas las evidencias en contra, se percibe a sí mismo. En su enternecedora ingenuidad antropológica, Occidente es capaz de creer en cualquier cosa. El 11-S cayeron las Torres Gemelas, pero la candidez de los hijos putativos de la Ilustración y su optimismo universalista siguen en pie, como si nada hubiera ocurrido. Occidente quiere creer que la violencia islamista, tan visceral, forma parte de un choque de civilizaciones. Pero tras ese milenarismo mesiánico que inspira al Islam radical no hay ninguna colisión con algo distante y ajeno a la propia cultura occidental.
Bien al contrario, si a algo recuerda la fanática brutalidad de los militantes fundamentalistas es a una práctica muy específicamente europea y occidental, la del adanismo sanguinario de los anarquistas decimonónicos, primero, y la de su inmediato sucesor, el irredentismo de las facciones más extremas de las distintas obediencias marxistas-leninistas. Al cabo, no hay nada que concuerde más con las tradiciones europeas que lanzar una bomba en medio de una plaza pública abarrotada de ancianos, mujeres y niños. Occidente quiere creer que el islamismo supone un retroceso a la Edad Media. Pero en la Edad Media no había tipos como Amibael Guzmán, el líder de Sendero Luminoso, o Pol Pot, directos inspiradores del proceder islamista. La de la propaganda por la acción es una idea política específicamente europea y moderna. Eso nada tiene que ver con el Islam tradicional y arcaizante.
Si por algo se caracteriza la actual variante teocrática del terrorismo es por su absoluta modernidad. Una modernidad que, además, remite al núcleo mismo de la alta cultura occidental. ¿O qué otra cosa encierra el rechazo expreso de la razón más que un reflejo del pensamiento de Nietzsche y demás románticos europeos? El singular híbrido de teocracia y anarquía que retrata al islamismo asilvestrado es, nos guste o no, un subproducto surgido de idéntica matriz que el radicalismo político occidental. Los nihilistas rusos en el XIX; las Brigadas Rojas y la Baader-Meinhof, en el XX. Dos siglos de distancia y una creencia común, la de que es posible alumbrar un orden nuevo sobre las cenizas de la civilización conocida, todo merced a actos de destrucción espectaculares, luego un millón de veces amplificados gracias a la labor de los medios de comunicación. He ahí sus genuinos mentores espirituales. Nos guste o no, son nuestros hijos. - Seguir leyendo: http://www.libertaddigital.com/opinion/jose-garcia-dominguez/los-islamistas-son-nuestros-hijos-78489/
- Seguir leyendo: http://www.libertaddigital.com/opinion/jose-garcia-dominguez/los-islamistas-son-nuestros-hijos-78489/

14 nov 2015

ISIS

Noche sangrienta en París; viernes 13 en la peor versión. Como vengo explicando en este blog las fronteras están abiertas a los bárbaros y no diré al Islam porque entre los que llegan, y están, no se encuentra Averroes. 
Bárbaros desclasados, sometidos a la presión de la guerra y la destrucción llegan a una sociedad desguarnecida, secularizada y encuentran la alianza de antisistemas que sueñan con eriales reedificables. Pero no, no quedará piedra sobre piedra, es el fin de nuestra civilización. 

Las preguntas que nos hacemos son: ¿quién alimenta sus conflictos?, ¿quién los entrena y les da las armas y explosivos? y ¿quién suministra la caridad salafista que los nutre?



Una Guerra Despiadada


El ataque terrorista múltiple que ha sacudido el corazón de Francia este viernes atañe a todo el mundo civilizado y exige una respuesta sin ambages. El presidente Hollande no ha dudado en poner en alerta a las Fuerzas de Seguridad y al Ejército y declarar el estado de emergencia. No dudar es precisamente lo primero que debe hacerse en estas situaciones, el primer acierto en medio de la tragedia. En el momento de la primera comparecencia del presidente de la República francesa la cifra de muertos rondaba la veintena pero muy poco después ya superaba el centenar y tardaremos en conocer el balance completo, ya que hay muchos heridos en estado crítico. Sin embargo, la firmeza de Hollande no servirá de nada si después no llega la unidad de acción en Europa, ardua tarea dada la costumbre suicida de aplicar políticas de apaciguamiento.
Los jefes de Estado y de Gobierno de las principales naciones occidentales debe asumir de una vez que estamos en una guerra y ejercer su liderazgo para hacer ver la gravedad de la situación a una sociedades infantilizadas muy reacias a aceptarlo. El primer paso para vencer esta guerra es asumir que se está en ella con todas las consecuencias. El presidente francés lo decía con toda la crudeza, una vez conocida la magnitud del ataque, en las puertas de la discoteca donde los terroristas han masacrado a decenas de personas inocentes: "Será una guerra despiadada". No es el momento de vacilar. El enemigo exterior es temible pero no lo es menos nuestra debilidad interior. Muchos querrán cerrar fuertemente los ojos como hacen los niños para sacudirse el miedo. Y, lo que es peor, no faltarán los que, desde la comodidad de nuestras sociedades libres, comprendan o justifiquen la barbarie. Tendremos que oír las estúpidas alertas contra la "islamofobia", aún con los cadáveres calientes de inocentes asesinados a sangre fría por unos tipos que gritaban "Alá es grande". Sin embargo, podemos estar seguros de que no veremos condenas claras y contundentes en los países islámicos, ni concentraciones de repulsa de musulmanes indignados frente a las mezquitas.
El enemigo exterior cuenta con dos enormes ventajas sobre nosotros: su pretendida indefinición territorial y la consiguiente abulia europea. Corrigiendo la segunda, poniendo fin de una vez por todas a las discusiones estériles sobre política exterior y Defensa, sería mucho más sencillo afrontar esta guerra que nos golpea y nos seguirá golpeando desde Siria, desde Irak o desde Libia, países en los que la comunidad internacional no ha hecho sino dar palos de ciego. La matanza de París es un ataque que debe ser respondido como el acto de guerra que es por más que haya expertos renieguen del término. Sólo identificando al enemigo exterior como enemigo del mundo occidental en su conjunto estaremos en disposición de acorralarlo y acabar con él. Hoy los muertos los ha puesto Francia pero no ha de quedarse sola en su respuesta. Nos han atacado. Hay que defenderse.




Editorial, LibertadDigital. 



PD. En recuerdo de nuestras víctimas en París.

3 sept 2014

Colonias de verano

Quiero exponer el artículo publicado por Arturo Pérez Reverte en XLSemanal, sobre la guerra en la que estamos inmersos, lo acompaño de un video ilustrativo que me llega de Francia.







Pinchos morunos y cerveza. A la sombra de la antigua muralla de Melilla, mi interlocutor -treinta años de cómplice amistad- se recuesta en la silla y sonríe, amargo. «No se dan cuenta, esos idiotas -dice-. Es una guerra, y estamos metidos en ella. Es la tercera guerra mundial, y no se dan cuenta». Mi amigo sabe de qué habla, pues desde hace mucho es soldado en esa guerra. Soldado anónimo, sin uniforme. De los que a menudo tuvieron que dormir con una pistola debajo de la almohada. «Es una guerra -insiste metiendo el bigote en la espuma de la cerveza-. Y la estamos perdiendo por nuestra estupidez. Sonriendo al enemigo».
Mientras escucho, pienso en el enemigo. Y no necesito forzar la imaginación, pues durante parte de mi vida habité ese territorio. Costumbres, métodos, manera de ejercer la violencia. Todo me es familiar. Todo se repite, como se repite la Historia desde los tiempos de los turcos, Constantinopla y las Cruzadas. Incluso desde las Termópilas. Como se repitió en aquel Irán, donde los incautos de allí y los imbéciles de aquí aplaudían la caída del Sha y la llegada del libertador Jomeini y sus ayatollás. Como se repitió en el babeo indiscriminado ante las diversas primaveras árabes, que al final -sorpresa para los idiotas profesionales- resultaron ser preludios de muy negros inviernos. Inviernos que son de esperar, por otra parte, cuando las palabras libertad y democracia, conceptos occidentales que nuestra ignorancia nos hace creer exportables en frío, por las buenas, fiadas a la bondad del corazón humano, acaban siendo administradas por curas, imanes, sacerdotes o como queramos llamarlos, fanáticos con turbante o sin él, que tarde o temprano hacen verdad de nuevo, entre sus también fanáticos feligreses, lo que escribió el barón Holbach en el siglo XVIII: «Cuando los hombres creen no temer más que a su dios, no se detienen en general ante nada».
Porque es la Yihad, idiotas. Es la guerra santa. Lo sabe mi amigo en Melilla, lo sé yo en mi pequeña parcela de experiencia personal, lo sabe el que haya estado allí. Lo sabe quien haya leído Historia, o sea capaz de encarar los periódicos y la tele con lucidez. Lo sabe quien busque en Internet los miles de vídeos y fotografías de ejecuciones, de cabezas cortadas, de críos mostrando sonrientes a los degollados por sus padres, de mujeres y niños violados por infieles al Islam, de adúlteras lapidadas -cómo callan en eso las ultrafeministas, tan sensibles para otras chorradas-, de criminales cortando cuellos en vivo mientras gritan «Alá Ajbar» y docenas de espectadores lo graban con sus putos teléfonos móviles. Lo sabe quien lea las pancartas que un niño musulmán -no en Iraq, sino en Australia- exhibe con el texto: «Degollad a quien insulte al Profeta». Lo sabe quien vea la pancarta exhibida por un joven estudiante musulmán -no en Damasco, sino en Londres- donde advierte: «Usaremos vuestra democracia para destruir vuestra democracia».


A Occidente, a Europa, le costó siglos de sufrimiento alcanzar la libertad de la que hoy goza. Poder ser adúltera sin que te lapiden, o blasfemar sin que te quemen o que te cuelguen de una grúa. Ponerte falda corta sin que te llamen puta. Gozamos las ventajas de esa lucha, ganada tras muchos combates contra nuestros propios fanatismos, en la que demasiada gente buena perdió la vida: combates que Occidente libró cuando era joven y aún tenía fe. Pero ahora los jóvenes son otros: el niño de la pancarta, el cortador de cabezas, el fanático dispuesto a llevarse por delante a treinta infieles e ir al Paraíso. En términos históricos, ellos son los nuevos bárbaros. Europa, donde nació la libertad, es vieja, demagoga y cobarde; mientras que el Islam radical es joven, valiente, y tiene hambre, desesperación, y los cojones, ellos y ellas, muy puestos en su sitio. Dar mala imagen en Youtube les importa un rábano: al contrario, es otra arma en su guerra. Trabajan con su dios en una mano y el terror en la otra, para su propia clientela. Para un Islam que podría ser pacífico y liberal, que a menudo lo desea, pero que nunca puede lograrlo del todo, atrapado en sus propias contradicciones socioteológicas. Creer que eso se soluciona negociando o mirando a otra parte, es mucho más que una inmensa gilipollez. Es un suicidio. Vean Internet, insisto, y díganme qué diablos vamos a negociar. Y con quién. Es una guerra, y no hay otra que afrontarla. Asumirla sin complejos. Porque el frente de combate no está sólo allí, al otro lado del televisor, sino también aquí. En el corazón mismo de Roma. Porque -creo que lo escribí hace tiempo, aunque igual no fui yo- es contradictorio, peligroso, y hasta imposible, disfrutar de las ventajas de ser romano y al mismo tiempo aplaudir a los bárbaros. 


Arturo Pérez Reverte.









11 ene 2012

Medidas de gracia

Hace pocos días se celebró una manifestación de la nueva marca de Batasuna que, agrupando a otros partidos y bajo la promesa de no atentar, ha conseguido un resultado importante en las elecciones municipales y luego en las nacionales.



















El objetivo de la convocatoria era pedir un reagrupamiento de los presos etarras en cárceles del País Vasco; paralelamente hemos sabido de las consignas enviadas por la banda al colectivo de presos en el sentido de no mostrar arrepentimiento, insultar a las víctimas y decir que la única victima es Euskadi.



















Ante tal desfachatez es necesario hacer algunas apreciaciones: el País Vasco no es un territorio ocupado por España, basta ver la trayectoria histórica vasca para comprender hasta que punto los vascos aceptaban su integración en el Estado español. La Reina Isabel II decidió veranear e ir a tomar los baños a San Sebastián porque no encontró otro lugar más seguro, la percepción de los vascos en España era la de gente fiable e incluso los ultramontanos carlistas se sentían más españoles que nadie.









El inventor del nacionalismo vasco Sabino Arana hablaba en su obra de "despertar" a los vascos al nacionalismo, señal de que en ellos era extraño. Los condicionamientos morales para aceptar la lucha guerrillera en defensa de una política son, tanto para el cristianismo como para la escuela de Frankfurt (Habermas), claros y transparentes; estar sometidos a una opresión tal y a una persecución que obligue a tomar las armas en defensa propia, y eso teniendo en cuenta que en ningún caso el terrorismo está legitimado ni siquiera en las guerras justas.




















Las condiciones de la España de 1968 no eran las que podían propiciar la legitimación de la lucha armada; repito que el terrorismo no está legitimado nunca.










Cuando en la década de los cincuenta el PCE abandona la lucha armada, documenta este hecho con una declaración en el sentido de que entonces ya era posible luchar políticamente frente al régimen. Ex etarras entregados a la lucha contra ETA (Mario Onaindía y Teo Uriarte) han reconocido la ilegitimidad de la lucha armada (el terrorismo) también en la época franquista.





















Cuando se produce la transición y llegamos a la democracia, las posibilidades de lucha política se multiplican ad infinitum; sin embargo, ETA sigue matando, robando, atentando y extorsionando en mayor cantidad (mucho mayor) que en el anterior régimen. La democracia pues no le debía absolutamente nada a ETA, pero decide, a mi parecer de manera injusta, ser magnánima con ella.










A partir de la transición, ha habido dos amnistías y cuatro indultos para los presos de ETA; el primer indulto se produce a la muerte de Franco y a la toma de posesión de Juan Carlos a título de Rey, la primera amnistía se produce antes de las elecciones de 1977 y es por imposición del PSOE, llega a todos los presos menos unos cuantos reos de delitos de sangre, con estos últimos se llega a la solución del extrañamiento en Suecia; nadie queda en las cárceles y en julio ya están los extrañados paseándose por España.










La siguiente amnistía se produce en 1978 cuando se aprueba la CE; nadie queda en las cárceles. El siguiente indulto se produce en 1982 cuando Felipe González lleva a término el pacto de Rosón, ministro de interior de UCD, con los séptimos de ETA pm.










La dispersión para evitar el fortalecimiento del llamado frente de makos se produce bajo el mando de Enrique Mújica como ministro de justicia y es perfectamente legal (acordaos de Papillón). El siguiente indulto acontece durante las conversaciones de Lizarra en 1998 con un relativo acercamiento de presos, no queda nadie en Canarias, Baleares, Ceuta y Melilla; produciéndose excarcelaciones de etarras enfermos por razones humanitarias.









El siguiente indulto se produce durante las conversaciones de Zapatero en 2005 con excarcelaciones humanitarias y nuevos acercamientos de presos.




















A pesar del brutal atentado de la T4, se sigue negociando y ahora sabemos que quien se puso fuerte frente a ETA fue Juan José Imaz presidente del PNV.









Patxi López ha pedido a Rajoy medidas respecto a los presos y ha sido contestado por Nicolás Redondo Terreros para denunciar lo inconveniente de la intervención.








Zapatero ha pedido hablar con el Ministro del interior.
¿Para qué?