7 may. 2010

Lecturas

Tendría yo unos cinco años cuando apareció una amiga de mi tía, ambas han muerto, con un regalo singular, era un TBO un TBO de Pumby, cuyas aventuras eran obra de un dibujante y guionista valenciano de nombre Sanchís.



















Hasta entonces yo había leído cuentos, los más infantiles y luego de Calleja, de cara a apuntalar mi capacidad lectora, pero no mostraba creo preferencia por ninguno en especial; sin embargo, ese fue el comienzo de mi carrera como lector.








Por culpa de una enfermedad motriz, cuyas consecuencias se extienden por mi infancia, paulatinamente iba descendiendo mi afición a correr y crecía mi afición a leer, de manera que me fui convirtiendo en uno de esos adolescentes que en el patio del recreo se dedican a comentar el telediario del día pasado o a la tarea de ciencias, antes de jugar al fútbol treinta contra cuarenta.









De ahí la aparición de una sucesión de comics que van desde el Capitán Trueno hasta Asterix y Tintín, con la natural curiosidad por los lugares donde se desempeñaban sus aventuras; curiosidad que pude satisfacer en la enciclopedia Espasa y en un atlas que compró mi padre, y que es una de las cosas que más agradezco.
































En relación con lecturas más serias, a los 10-11 años, recuerdo que los Hermanos Maristas ya me proporcionaban libros de biografías célebres, gracias a aquello pude conocer un poco de la vida de Gengis Kan o de Atila.










Mis padres me regalaban libros, y recuerdo entre otros a Los Hollister, novelas de Michael Ende y las aventuras de Pinocho y Bonete.










































Sin embargo, en el colegio era muy popular Enid Blyton, que también leí, aunque las auténticas lecturas de mi adolescencia fueron Karl May, Emilio Salgari y Julio Verne.










Estos autores habían escrito para adultos jóvenes, obreros y estudiantes, siendo muy populares en la edad de la inocencia; sin embargo, en mi época ya estaban relegados al público infantil y juvenil.









De Julio Verne ya he hablado en este blog, pero no de los otros; Karl May escribió novelas del oeste sin haber salido de Alemania, a finales del siglo XIX, y de Salgari recuerdo que en algunas de sus novelas los españoles eran los malos, lo que era anatema para mí.








Y de ahí el caos, un desbordamiento de lecturas que van desde los clásicos en español y francés por la escuela, los best sellers, lo culturalmente correcto ("lo que hay que leer") y las novelas policíacas sobre todo en la mili.










En la universidad me interesé por lecturas de ensayo de diversas disciplinas, la mayor parte alejadas de las materias de estudio, y luego he ido leyendo de diversos temas, siempre por impulsos u obligado por cursos de las más diversas materias.










Aunque ahora no leo mucha novela, citaré a tres autores que me interesan mucho: en lengua española Mario Vargas LLosa, en lengua inglesa Joseph Conrad y no puedo olvidar a Thomas Mann en alemán.





















La verdad es que no me considero un gran lector, he dedicado la mayor parte de mi tiempo a mi trabajo y a la vida social, que fue intensa en mi juventud; pero aun así, ningún día he dejado de leer un rato, antes de dormir o después de comer.

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