20 jul. 2010

Impulso tanatófilo

Hay en el aire de nuestra sociedad un sentimiento de orfandad y pesimismo que no existía en otras épocas de crisis, recordad los años sesenta con la revolución juvenil y su confianza en el futuro; así es que tenemos la sensación de estar viviendo el fin de una época, de un ciclo histórico, que lo va a ser de Occidente, de Europa y de España.


















Resulta extraño comprobar cómo el avance científico no ha tenido su correspondiente reflejo social y cultural. Desde Einstein sabemos que el espacio y el tiempo son inseparables y la estructura del mismo depende del observador. Sin embargo, a nivel social, seguimos pensando en un tiempo "limpio" y lineal, sin ninguna influencia en los acontecimientos.



















Eso es algo tan absurdo como suponer que el espacio que nos rodea no tiene accidentes geográficos, como montañas, ríos, mares, etc. De la misma forma que la geografía condiciona la sociedad, formando países y pueblos, el tiempo posee una estructura que también influye en el ser humano inmerso en él, aunque a primera vista resulte imperceptible.



















De ahí que periódicamente aparezcan momentos especiales en la historia, señal de que se ha producido un cambio en la estructura del tiempo que se refleja en un cambio social profundo. El tiempo tiene su propia estructura, y en estos momentos estamos viviendo en un profundo cambio temporal. Eso ha provocado un cambio social, de manera que los esquemas sociales que nos regían ya no son útiles. De la misma forma que la masa deforma el espacio en la relatividad de Einstein, el materialismo social dominante en el último ciclo deforma la percepción del tiempo de los individuos provocando una deformación social.

















Igual que un individuo está sometido a crisis vitales, la sociedad humana también está sometida a crisis históricas. Pues, a fin de cuentas, la sociedad humana es un tejido orgánico formado por células de individuos. Y es lógico que se reflejen en el tejido los mismos problemas que en las células. En principio, las crisis históricas no tienen por qué ser negativas. Recordemos que el significado etimológico de la palabra "crisis", que proviene del griego, es cambio. Y los cambios pueden ser para mejor o para peor.


















¿Cómo se producen las crisis individuales? Por la suma de experiencias no superadas en los recuerdos del individuo. El peso de estas experiencias inclina la conciencia, ya que no han sido transmutadas en elementos válidos para la construcción de los valores. Pero como hay una relación entre los individuos y la sociedad, la sucesión de acontecimientos históricos no transmutados en experiencias válidas produce las crisis históricas. Los valores y motivaciones sociales han perdido su validez, deben ser renovados.


















Quizás sea ésta la mayor paradoja del siglo XX; que el desarrollo tecnológico y científico haya permitido un enorme crecimiento económico que no ha sido equilibrado a nivel artístico, religioso y político. En la era de la globalización y de internet, todavía nos regimos por sistemas políticos de hace dos siglos, y las religiones continúan ancladas en dogmas más propios de la anterior Edad Media que de los tiempos actuales.


















Será que me hago viejo, pero a veces tengo ganas de que todo se vaya por los aires para que todo empiece de nuevo, pero ya lo decía Kropotkin.

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