5 jun 2014

Las elecciones europeas

Ha dado comienzo el tiempo electoral que nos tocará vivir entre mayo de 2014 y enero de 2016. Como no podía ser de otra manera los partidos del régimen, PP y PSOE, han recibido un gran varapalo aunque mantienen su posición mayoritaria. Las elecciones europeas son el campo ideal para dar un escarmiento, un voto de castigo sin riesgos, a los partidos mayoritarios dado que el Parlamento europeo no sirve prácticamente para nada. Además la circunscripción es única, por lo que los retales, que no contaban en la circunscripción provincial, son útiles y el llamado voto útil se hace innecesario. 







Las sociedades prósperas son estables y tienden a la moderación pero en España, con la que está cayendo, los partidos mayoritarios se han dedicado a recortar derechos sociales a la gente sin reformar la estructura del Estado y sin recortar los abrevaderos de los políticos; se ha resentido especialmente la clase media, sobre la que se mantiene la sociedad, y esto ha generado desafección. Quien siembra vientos recoge tempestades; la abstención es el sistema tradicional de protesta de la gente normal, y ésta hubiera sido mayor incluso que hace 5 años sin el delirio de Cataluña y el nacionalismo. La aparición de partidos radical revolucionarios hace que el espejismo esté servido.








En las elecciones de mayo de 2015 el sueño quedará roto pero el peligro está ahí, incluso en países como Francia, Dinamarca, RU y Holanda. Entramos en un periodo muy convulso en la Europa post guerra fría.

22 may 2014

Qué hemos hecho mal II


El proyecto independentista catalán: un proceso bien planeado

20/05/2014 · by Víctor A. Maldonado · in Artículos CRÓNICA GLOBAL.



En un reciente artículo (“La independencia que viene de lejos”, El País 5/5/2014), Francesc de Carreras pone de manifiesto que el actual “proceso de construcción nacional” comenzó por lo menos desde 1980 durante el primer Gobierno de Jordi Pujol a través de una inteligente obra de ingeniería social cuyo objetivo ha sido el de transformar la mentalidad de la sociedad catalana con la finalidad de que sus ciudadanos se convenzan de que forman parte de una nación cultural, con una identidad colectiva muy distinta al resto de España, que sólo podrá sobrevivir como tal nación si dispone de un Estado independiente.



Afirmación grave donde las haya, pues de ser cierta, ello significaría una deslealtad profunda por parte del nacionalismo catalán hacia el resto de partidos políticos y a la sociedad tanto catalana como del resto de España en su conjunto durante el proceso de discusión y negociación que condujo a la ratificación de la actual Constitución española. Y me permito utilizar el término deslealtad porque, como negociador que he sido en representación de la UE en acuerdos internacionales, uno puede tener unos objetivos confesados o escondidos, pero una vez llegas a un acuerdo (tras obtener y realizar concesiones, como en cualquier negociación digna de tal nombre) no puedes iniciar por tu cuenta un proceso que vaya en contra del mismo. En este caso, lo que hay que hacer es cumplirlo lealmente.



Tengo que confesar que yo fui uno más de los que creyó en la palabra dada por el nacionalismo catalán durante la negociación de la Constitución: acordar un punto intermedio entre el objetivo final de todo (o casi todo) nacionalismo, es decir un Estado independiente, y el centralismo del Estado heredado del franquismo. Es decir, renuncia explícita a su objetivo final a cambio de un nivel suficiente de autogobierno que representa la actual Comunidad Autónoma de Cataluña. Pero ya nada me extraña, pues empiezo a creer que la única lealtad a la que se sienten obligados los nacionalismos es a su idea de nación como ente superior por encima de los ciudadanos que la componen.



Evidentemente, el relato dado por el nacionalismo catalán es bien distinto, puesto que desde su punto de vista es “España” la que ha roto el pacto constitucional y, por ello, no se sienten ligados por el acuerdo alcanzado y pueden de una manera clara y determinada encaminarse hacia el establecimiento de un Estado independiente.



Pero, claro, una cosa es especular sobre si el actual “proceso soberanista” es consecuencia de una serie de circunstancias sobrevenidas en el tiempo como sostiene el nacionalismo catalán (es decir, la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el nuevo Estatut, la recentralización de las competencias autonómicas, el ataque a la lengua y cultura catalanas, etc.) y otra encontrar las pruebas o los hechos que pudieren demostrar fehacientemente que la situación actual es sólo parte de un proceso planeado de antemano con el objetivo de llegar a un Estado independiente donde el pacto constitucional sería solamente una etapa intermedia en el camino. Y hay que reconocer que no es fácil, pero una de las ventajas de un Estado democrático donde existe libertad de información es que se pueden encontrar documentos del pasado consultando las hemerotecas. Precisamente, con la inestimable ayuda de un amigo he tenido acceso a un documento que fue publicado en octubre de 1990 en El Periódico de Catalunya titulado “La estrategia de la recatalanización” . No tiene desperdicio. Solo citaré algunos ejemplos, pues el análisis del texto daría para mucho más que el presente artículo.



En su primer capítulo, “Pensamiento”, aparecen cuestiones tales como que Cataluña (Països Catalans) es una nación europea emergente y que la Europa sin fronteras ha de ser una Europa que reconozca a las naciones; que es necesario concienciar a nuestro pueblo de la necesidad de tener más hijos para garantizar nuestra personalidad colectiva; que Cataluña es una nación discriminada que no puede desarrollar libremente su potencial cultural y económico, remarcando la incidencia negativa que esto tiene para el conjunto del pueblo catalán y para cada uno de sus ciudadanos; que Cataluña es un pueblo que camina en busca de su soberanía dentro del marco europeo; que una mayor libertad para Cataluña comporta un mayor bienestar social de todos sus ciudadanos y el sentimiento nacionalista y de liberación nacional han de ir ligados a la promoción social de las personas y a su propia realización individual y colectiva.



En el capítulo “Enseñanza” aparecen elementos tales como que hay que impulsar el sentimiento nacional catalán de los profesores, padres y estudiantes; exigir el correcto conocimiento de la lengua, historia y geografía de Cataluña y de los Països Catalans; la elaboración de un plan de formación del profesorado que tenga en cuenta los intereses nacionales; la catalanización de los programas de enseñanza; reorganizar el cuerpo de inspectores que vigilen el correcto cumplimiento de la normativa sobre la catalanización de la enseñanza y vigilar de cerca la elección de este personal; incidir en las asociaciones de padres, aportando gente y dirigentes que tengan criterios nacionalistas. En el capítulo “Universidad e Investigación” se propone la potenciación de la Associació Catalana del Professorat Universitari, así como las asociaciones de estudiantes nacionalistas; potenciar a personalidades de ideología nacionalista en los órganos rectores de las tres universidades catalanas.



En el capítulo “Medios de comunicación” se establece como objetivo lograr que los medios de comunicación públicos dependientes de la Generalitat sigan siendo unos transmisores eficaces del modelo nacional catalán; y como medios, incidir en la formación de los periodistas y técnicos en comunicación para garantizar una preparación con conciencia nacional catalana; introducir a gente nacionalista de una elevada profesionalidad y una gran cualificación técnica en todos los lugares claves de los medios de comunicación; la creación de una agencia de noticias catalana, de espíritu nacionalista y de gran solvencia. También hay capítulos dedicados a “Entidades culturales y de ocio”, “Mundo empresarial”, “Proyección exterior”, “Infraestructuras” y “Administración”. Pero no les quiero cansar y dejo a las personas interesadas una lectura detallada del documento.



A la vista de este documento, les dejo a ustedes el determinar si tiene razón Francesc de Carreras. Para mí, no hay duda de que así es. Al menos, hay que reconocer un mayor nivel de honestidad por parte de ERC que desde el principio propugnó una Cataluña independiente.



Víctor Andrés Maldonado

Recuperar educación, sanidad y orden público para el Estado. Detener a los sediciosos tras aplicar el artículo 155 de la CE.

9 may 2014

Yago Lamela

Ha muerto el gran saltador de longitud español, a la temprana edad de 36 años. Fue un gran deportista en una época grande del atletismo español.
Ésta es la necrológica de El País.


6 may 2014

Racismo II



El expresidente de la Generalidad Jordi Pujol ha asegurado el viernes 4-4-2014 que el gran éxito que ha logrado el separatismo catalán es que sus movilizaciones estén llenas "de chonis y de gente que se apellida Fernández".

"Esta es la fuerza del país", ha asegurado durante un debate sobre el papel de la inmigración en Cataluña junto a su sucesor en el cargo, el socialista José Montilla, en la Casa de Cultura de San Adrián de Besós.

Pujol ha aludido al concepto choni al citar la canción del grupo catalán Els Catarres "Jenifer" (2011), sobre el romance de una castellanohablante residente en Castelldefels (Barcelona) y un joven catalán de toda la vida con fuertes convicciones nacionalistas y que además simpatizaba con CDC.









Según Pujol, en Cataluña nadie comprueba los apellidos con alguien antes de casarse, lo que prueba que, pese a llevarse más de un siglo recibiendo inmigrantes, se ha logrado una buena integración. Montilla ha celebrado que sólo "opciones minoritarias" hayan enarbolado en Cataluña los discursos populistas y xenófobos, y ha considerado que, ante el reto de integrar a la inmigración extracomunitaria, hacen falta grandes acuerdos.

También lo ha dicho Pujol y ha apreciado que, a diferencia de otros países europeos, en Cataluña y en el resto de España no ha calado este discurso. El ahora senador socialista ha recordado que él mismo es inmigrante: llegó a Cataluña en autocar en el verano de 1971, y antes que él llegaron 1,5 millones de personas procedentes del resto de España; por eso Pujol ha considerado muy importante que alguien con esos orígenes presida la Generalidad.

Montilla ha destacado el papel de la lengua catalana como uno de los elementos fundamentales que "singulariza la nación catalana", y ha abogado por que los poderes públicos sigan impulsando medidas de discriminación positiva hacia el catalán.








- Seguir leyendo: http://www.libertaddigital.com/espana/politica/2014-04-04/pujol-cree-que-el-gran-exito-catalan-es-que-haya-chonis-separatistas-1276515095/







Tal y como aparece en el texto precedente, lo que sugiere un Pujol integracionista se deconstruye en un racismo más o menos sutil. Es decir que los componentes de una clase social existente en todos los países (las chonis y los canis), que se encuentra entre lo barriobajero, lo ignorante y lo hortera se asocia a la gente apellidada "Fernández" (alusión al jefe de las CUP). Luego dice que nadie en Cataluña comprueba los apellidos antes de casarse, excepto los Pujol que comprueban la cartera.





Junto a Pujol, de convidado de piedra, un José Montilla travestido de Tío Tom sonriendo como un sacristán a las palabras de Pujol. Este racismo es consustancial al nacionalismo y su explicación, que no comprensión, puede encontrarse en el texto siguiente donde se analiza la imposibilidad del nacionalismo excluyente y la democracia.
 






La diferencia atribuida a vascos y catalanes, se exponga como racial, lingüística, o de cualquier otra forma, implica superioridad, pues de otro modo no tendría mucho sentido. Vascos y catalanes, superiores racial, cultural o europeamente,  estarían por tanto  sojuzgados por gentes agrupadas en España, un estado poco definido pero caracterizado por una inferioridad y maldad esencial. Basta atender  a la propaganda de estos movimientos para percibir un permanente ensañamiento denigratorio hacia España que recoge y amplifica los tópicos de la Leyenda Negra. Propaganda necesaria, por otra parte, para cambiar la mentalidad de vascos y catalanes, pues estos,  durante siglos, se han sentido y considerado españoles.






Que las concepciones separatistas carezcan de apoyatura histórica no es muy importante, porque la propaganda siempre puede moldear  el pasado para adaptarse a ideas preconcebidas, máxime si la crítica que recibe es floja o reducida, como ha sido el caso. En esencia, estos separatismos  combinan el narcisismo de creerse distintos y mejores, con el victimismo de sentirse avasallados por poderes que les impiden llegar a ser la maravilla que imaginan. Esta combinación puede alcanzar una fuerza extraordinaria entre las masas, baste recordar el nacionalsocialismo alemán.







La consecuencia práctica de estos nacionalismos es doble. Por una parte tienden a separar y crear hostilidad entre unas regiones y otras, y por otra a dividir a la población regional entre “buenos” y “malos”, según acepten o no sus doctrinas.  Los separatistas se proclaman automáticamente representantes del pueblo, piense lo que quiera la mayoría de él. Ello tiene, desde luego, poca relación con la democracia tal como normalmente se concibe. Con tal enfoque, las elecciones, por ejemplo, son un método aprovechable, pero nunca serán admitidas las votaciones adversas. Ocurre algo parecido con los comunistas, autoproclamados representantes del proletariado, voten lo que voten los obreros, y que utilizan las elecciones de modo similar.





Pío Moa

25 abr 2014

24 abr 2014

Francofonía contra anglofonía

El presidente Mitterrand solía bromear diciendo que Francia y los USA estaban siempre en guerra, una guerra soterrada y africana, de manera que los aliados en Europa eran adversarios en África. Se refería a la situación creada en el final de la URSS, con África libre de rusos, chinos y cubanos, con Sudáfrica en manos de un gobierno negro y anglófilo. África no tiene pueblos que utilicen el francés o el inglés como lenguas propias pero sí como lenguas culturales y de intercambio, como auténticas koiné con lo que eso significa para el PIB no solamente cultural sino también comercial.


























En esta época caótica del neocolonialismo, los anglonorteamericanos y los francobelgas se enfrentan en África.





























En las tenebrosas matanzas de Rwanda y Burundi, en la situación del Congo Kinsasa aparece el enfrentamiento entre los grupos de interés occidentales. La terrible matanza de Rwanda con más muertos que la guerra civil española pero en tres meses, y muchas veces producidos con cuchillos y azagayas, estalla cuando alguien derriba el avión del presidente de Burundi; está comprobado que se utilizó un misil exocet capturado por los franceses a las fuerzas de Sadam en la Guerra del Golfo.

17 abr 2014

Gabriel García Márquez

Ha muerto "Gabo" el premio Nobel de literatura, escritor en español, colombiano. Es el autor de la novela que leí en menos tiempo, un día, "Crónica de una Muerte Anunciada".
Ésta es la necrológica de El País.




6 abr 2014

La farsa de la autodeterminación

Se suele enfatizar, desde las filas de los nacionalistas periféricos, que el derecho a decidir, eufemismo que oculta el derecho de autodeterminación, es un componente de la democracia reconocido por todos los sistemas democráticos pero nada más lejos de la realidad. No existe ningún Estado que asuma este pretendido derecho, y los pocos que aparentemente lo asumían (URSS, Yugoslavia) hacían trampa pues el sujeto autodeterminable no era el pueblo sino "El Partido", a su vez sujeto al centralismo democrático. En realidad este derecho no ha formado nunca parte del Derecho internacional que es un derecho entre Estados, y como muestra ahí está la guerra civil norteamericana.







La doctrina aceptada por la ONU, y aquí citada, hace referencia a la descolonización, uno de los objetivos de la organización junto a la promoción de la paz y el desarrollo de los Estados.
Occidente, la ONU, la UE, la Internacional Socialista y otras instancias han desarrollado una doctrina de la autodeterminación reducida a tres supuestos. 







A) El ya citado recurso para la descolonización pacífica junto con la posibilidad de decidir continuar en el estatus colonial. B) El ejercicio de reversión de un territorio ocupado a su Estado de origen como, por ejemplo, el Sarre en la constitución de la RFA. Y C) el caso de las minorías étnicas fijadas a un territorio y gravemente discriminadas, incluso con peligro de genocidio.








Ninguno de estos supuestos es aplicable a Cataluña o al País Vasco. En estas comunidades prevalece el derecho de los Estados a su unidad nacional, también reconocido por la ONU.

30 mar 2014

La situación de Cataluña y el País Vasco

La página web de la ANC (Asamblea Nacional de Cataluña) ha elaborado un itinerario hacia la independencia que no tiene en cuenta ninguna de las razones lógicas contrarias a llevar el caso hasta el final. Coincidiendo con la orden de la Generalidad, no olvidemos que es una administración del Estado, que establece las circunstancias y obligaciones en el 9 de noviembre para la policía autonómica de cara al referéndum ilegal, da una fecha para la proclamación unilateral de la República Catalana (y la República del Valle de Aran) que será el 23 de abril de 2015. 









En el campo vasco lo que vemos es que un sector del nacionalismo, el del PNV, está a verlas venir (tienen más que perder) para seguir la misma ruta que Cataluña. Bildu por su parte sigue con la pantomima del desarme de ETA y el acercamiento (o liberación) de los presos, aunque el realismo político le lleve a la toma de Navarra en alianza con el PSN-PSOE que vendería a su madre por un poco de poder. 









Frente a esto el Gobierno sólo muestra timidez e inacción, y son entidades particulares como FAES y empresarios los que llevan la lucha propagandística contra los nacionalismos. El Ministerio de Exteriores ha elaborado un documento que ha enviado a embajadas e instituciones en el extranjero pero el gobierno no quiere desarrollar legislativamente el delito de apoyo a la secesión y el artículo 155 de la CE. 










El choque de trenes está servido. Los mercados, hasta hoy, descartan la secesión y apuestan por un acuerdo pero la huida hacia el riesgo de Mas puede no tener vuelta atrás. El fin del régimen camina hacia un conflicto de magnitudes indeterminadas. No debemos olvidar que las revoluciones no se hacen nunca pensando en respetar la legalidad establecida, por el contrario éstas no serán posibles sin conculcarla y establecer otra distinta. La independencia es ilegal, injusta y poco razonable pero se llevará a efecto si los revolucionarios ponen sobre la mesa un órdago que el Estado no quiera aceptar, todo depende de la cantidad de violencia de la que sean capaces.

PD. Entiendo revolución como la conjura de una élite política para sustituir a otra y no en el sentido de liberación popular. El pueblo siempre es gobernado por una élite u oligarquía.

15 mar 2014

La miseria del europeísmo

A propósito de temas recurrentes en este blog, transcribo una serie de artículos publicados en el blog de Pío Moa en Intereconomía.


Miserias del europeísmo (I)







Miserias del europeísmo; la política española no se guía por análisis de alguna seriedad, sino por tópicos y baratijas emocionales, encontramos la paradoja de que, siendo España un país notablemente inculto, de su propia cultura y de la europea, sea también uno de los más  “europeístas” del continente.









Por europeísmo se entienden cosas distintas, desde el sentimiento ligado a la conciencia de unas raíces culturales comunes hasta la pretensión de unificar políticamente Europa en una federación o similar. En el primer aspecto, nadie ignora que Europa se forjó culturalmente como el continente cristiano en pugna, durante siglos, con invasiones paganas o islámicas, creando una civilización que se ha extendido por gran parte del mundo. Sin embargo el actual europeísmo busca, paradójicamente, anular esas raíces reemplazándolas por una especie de neorreligión laicista, a menudo muy hostil al cristianismo. Pretende, además, crear una superpotencia con el correspondiente nacionalismo, que sustituiría a las naciones históricas y acabaría con ellas en un plazo más o menos largo. Los idiomas nacionales también serían paulatinamente desplazados (ya lo están siendo, aceleradamente) por una hegemonía irrestricta del inglés. Esa deriva se justifica arguyendo que de ese modo terminarían las guerras dentro de Europa, como probaría el hecho de no haber vuelto a haberlas desde 1945, conforme aumentaba la unidad económica y política; además, la nueva Europa se comportaría con ejemplar pacifismo en el mundo; aparte de que en un mundo “globalizado” sólo puede competirse mediante grandes unidades políticas y económicas.








En mi opinión, se trata de tres falacias justificativas. La paz en Europa desde 1945 obedece ante todo a la tutela de Usa. Tampoco es cierto que esos países, al parecer ansiosos de unirse, hayan resultado especialmente pacíficos. Francia mantuvo largas, duras y finalmente desastrosas guerras coloniales. Lo mismo, aunque algo más atenuadamente, Holanda, Inglaterra y Portugal. Aún son recientes las guerras en la extinta Yugoslavia, es decir, en Europa, que la UE no ha impedido, sino en cierta medida atizado. Y ahora mismo, países de la UE participan en guerras en Siria, Malí, Afganistán, hace muy poco en Libia e Irak, aparte de su responsabilidad en las espeluznantes matanzas de Ruanda; etc. No sugiero con ello que esas contiendas e intervenciones estén más o menos justificadas en algunos casos, sólo constato que considerar a la UE como un factor de paz general apenas resulta una peligrosa fantasía publicitaria. El mundo dista de ser una balsa de aceite, y, precisamente por los intereses “globales”, la UE está interviniendo y previsiblemente seguirá haciéndolo allí donde esos intereses se vean amenazados.






Por otra parte, el europeísmo actual se ha ideado en gran medida como remedio a las tradicionales y sangrientas pugnas francoalemanas, y tiene una curiosa ironía la idea de poner de acuerdo a ambas potencias asegurándoles el predominio sobre el resto del continente. Pues la UE, compuesta de muchos y muy disímiles países, difícilmente podría articularse y funcionar sin la hegemonía de sus dos mayores poderes, Alemania y Francia. Hay además un elemento de fraude esencial en la pretensión del europeísmo de representar a Europa. La UE no es Europa, solo una parte de ella. Europa incluye, por ejemplo, a Rusia, muy difícil de integrar en el conjunto; y muchos quieren extenderla a Turquía, país de cultura ajena a la europea y con sus propios conflictos.






En cuanto al argumento del tamaño como dato esencial para competir en el mundo “globalizado”, puede valer para pensadores de “la economía lo es todo”, pero para nadie medianamente serio. Países tan pequeños como Suiza, Noruega, Israel, Singapur o Formosa son más competitivos, proporcionalmente, que la UE. Y dentro de ésta existen profundas diferencias entre Grecia y Suecia, entre Alemania e Italia o entre Francia y España. Medidas unificadoras como el euro, presentado fraudulentamente como un seguro de prosperidad ilimitada, han causado un auténtico desbarajuste.









Todas estas cuestiones deben ser examinadas más a fondo. Se pretende llegar a una especie de federación a la useña olvidando que Usa tiene un solo idioma, una trayectoria política y cultural, y una larga serie de elementos comunes inexistentes en Europa. Y que sólo arrasando a las naciones para convertirlas en seudoestados sin soberanía,  sujetos a presiones o aspiraciones económicas más o menos ilusorias, puede lograrse esa unidad… contra la historia y las culturas y políticas tan diversas que han enriquecido y conforman la realidad  europea.





II: Miserias del europeísmo











Las falacias con que se sostiene el europeísmo político en general, bajan en España a un nivel inferior, de absoluta baratura intelectual (cuanto más europeísta, por lo común, menos sabe de Europa), como cobertura poco disimulada de una esencial hispanofobia.






Quizá la expresión más precisa de esa vana retórica la haya ofrecido Ortega y Gasset con su frase “España es el problema, y Europa la solución”. Otras veces he señalado el cúmulo de insensateces en que caía nuestro filósofo cuando especulaba sobre política e historia. Aquella frase carece de lógica, pero es sugerente: sugiere que España funciona mal, o incluso es el mal, y “Europa” el bien. Pero ¿qué era Europa para aquellos europeístas, tan parecidos a los de ahora? Para ellos se limitaba a Francia, un poco a Inglaterra y a Alemania. El resto no contaba, aunque constituía la mayor parte del continente, con sus propias tradiciones, culturas y tendencias. Pero aun reducida al trío Francia-Inglaterra-Alemania, éste no despertó en nuestros europeístas el menor estudio, análisis histórico o de actualidad algo serio, ni siquiera algún libro de viajes interesante. Sobre esos países tenían sólo  impresiones superficiales acompañadas de una emocionalidad tosca. De ahí que cuando los objetos de su patética devoción se enzarzaron en una de las guerras más crueles, quedaran pasmados. La mayoría de aquellos intelectuales pretendió incluso la entrada de España en el conflicto, a ejemplo de  Portugal y otros muchos países, para servir de carne de cañón a los Aliados. Estas actitudes de ignorancia devota, beata, siguen plenamente vigentes en nuestros europeístas, sean de derecha o de izquierda. Hecho manifiesto asimismo en la facilidad con que tragan sin la menor crítica los tópicos de la propaganda elaborada por la UE, enfocados en el artículo anterior.






Decía que ese europeísmo de chicha y nabo encubría realmente una  hispanofobia también muy extendida a derecha e izquierda, basada asimismo en el tópico y la ignorancia. Si Ortega (y Costa, Azaña y tantos más) eran incapaces de entender las realidades y las fuerzas que abocaban a Europa a la guerra, no lo eran menos para examinar la realidad histórica y cultural de España. Leer las tiradas y ocurrencias de unos y otros sobre el asunto deja a uno perplejo. Los he analizado en Una historia chocante y en Nueva historia de España. Básicamente se dedicaban a denigrar a la España real e histórica, considerándola “anormal”, “absurda”, “enferma”, etc., desde los Comuneros, según unos, desde la expulsión de los judíos según otros, o desde la propia Reconquista contra la “brillante” civilización musulmana. Nació de ahí una literatura especialmente pesada, pueril y arbitraria, cuyos efectos señaló agudamente Menéndez Pelayo: el pueblo, engañado por aquellos “gárrulos sofistas (…) hace espantosa liquidación de su pasado, escarnece a cada momento las sombras de sus progenitores, huye de todo contacto con su pensamiento, reniega de cuanto en la Historia hizo de grande, arroja a los cuatro vientos su riqueza artística y contempla con ojos estúpidos la destrucción de la única España que el mundo conoce, la única cuyo recuerdo tiene virtud bastante para retardar nuestra agonía. Un pueblo viejo no puede renunciar a su cultura sin extinguir la parte más noble de su vida y caer en una segunda infancia muy próxima a la imbecilidad senil”.






La enfermedad achacada por Ortega al pasado español, era precisamente la que ellos contagiaron al país, contribuyendo a arruinar el régimen liberal de la Restauración, que mejor o peor iba recomponiendo al país del desastroso siglo XIX, hasta abocar a una república caótica y plagada de odios, destrozada por sus propios creadores, y a la guerra civil. Pues bien, todas aquellas retóricas han resurgido con inesperada fuerza, ya en el franquismo. Y uno de sus disfraces más prodigados es esa beatería “europeísta”.






A principios del siglo XX, el europeísmo “regeneracionista” combinaba muy bien con los separatismos, justificados implícitamente, pues “si España había sido casi siempre un desastre tal, ¿por qué no separarse de ella cuanto antes?”. Ahora oímos a los europeístas tratar de disolver a España en la UE (ellos la llaman “Europa”), regalarle la soberanía “por toneladas” a cambio de platos de lentejas… sin lentejas. Y condenar con la misma vacuidad unos separatismos que hacen muy bien el juego en el empeño común por anular a la nación





Todo esto debe ser objeto de serio análisis, porque está en la base de la triple crisis en que puede naufragar el país.









PÍO MOA

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