3 may. 2011

Españoles versus inmigrantes

En estos tiempos, estamos enfrentándonos a un hecho imposible de evitar. Si en muchas entradas del blog he hablado de orientaciones políticas, esfuerzos o programas para paliar este problema, hoy me voy a referir al problema en sí.








Están llegando a nuestro país cantidades excesivas de inmigrantes y, como también expongo en otras entradas del blog, es humano y lógico que vengan; pero aparece un efecto colateral, se desdibuja nuestra sociedad, se imposibilita nuestro sistema de previsión.





















Da la sensación de que determinadas fuerzas políticas quieren favorecer esta destrucción de nuestra tradición y, de paso, impedir su natural evolución, llevándonos a una ruptura basada en la introducción en España de elementos dispuestos a destruir nuestra sociedad, nuestros valores y nuestro sistema político.















Los mismos que claman contra la preponderancia histórica de la religión católica, ya aggiornada, que se exaltan con odio ante abusos reales o supuestos ocurridos en tiempos pasados, ensalzan y defienden los derechos, muchas veces opresivos hacia otros, de la religión islámica.

















Y es que, de manera torcida, incluyen como una forma de racismo la llamada islamofobia; pues bien, son las personas las que están protegidas por el principio de igualdad, no las ideas, éstas sólo están protegidas cuando, estando unidas a la persona, las protege el principio de intimidad.









De forma que las ideas están sometidas al principio de refutación; de manera que repudiar ideologías o religiones, en cuanto principios, no es racismo y bien que nos lo demuestran nuestros laicistas, cayendo algunos de ellos en el delito de agresión a los creyentes y a sus posesiones, saltándose no sólo el derecho a la intimidad sino el código penal.























Los inmigrantes tienen derechos en cuanto seres humanos y también en cuanto ciudadanos, pero es necesario reconocer también el derecho de los Estados a regular el flujo migratorio, pues los sistemas económicos y la estabilidad social podrían verse gravemente dañados.






















Está en la creación de puestos de trabajo el punto de equilibrio de los inmigrantes a la inmigración; es el respeto a la cultura propia del país receptor, en el plano social, y el derecho a su cultura, ejercida íntimamente, del inmigrante el punto de equilibrio que hay que hallar.

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