9 may. 2011

Las alternativas energéticas

Ahora gozamos de la posibilidad de múltiples fuentes alternativas de energía, técnicamente mucho más desarrolladas que cuando se produjo la crisis del petróleo en 1973. En 1973, y como consecuencia de la guerra del Ramadán como ya he dicho aquí, los países productores de petróleo iniciaron maniobras de encartelización, crearon la OPEP, de manera que los precios del petróleo subieron escandalosamente, en realidad fue la consumación de una escalada, ya de años, que multiplicó los precios del combustible.
























De esta manera, el mundo se vio en la obligación de replantearse el modelo energético en plena era del petróleo. En aquel tiempo, el efecto de la subida de precios del petróleo se tradujo en una inflación desbocada con dificultades para los asalariados, esto influyó en el consumo y hubo crisis de estancamiento e inflación.














Los técnicos e ingenieros estaban desarrollando tecnologías de producción de energía nuevas, casi desde la Segunda Guerra Mundial por las dificultades que tuvo el Eje para dotarse de petróleo. Sin embargo, sólo en algunos países y por cuestiones ecológicas, ya desde los años cincuenta había esta preocupación, se estaban implementando sistemas de diversificación energética a pesar de los elevados costes, uno de esos países era Dinamarca.

















Se empezó a hablar de la energía eólica, del aprovechamiento de las mareas con creación de centrales, por ejemplo en Francia (y ésta fue la materia del último proyecto de Goicoechea), del incremento en el rendimiento de las máquinas, de la energía geotérmica, fotovoltaica, fototérmica, del gas que fue una alternativa real al petróleo con las posibilidades de abastecimiento de Europa desde el norte de África o desde Rusia, de la energía de fisión nuclear con los graves problemas de los residuos, peligrosos durante miles de años, y de los posibles accidentes, del hidrógeno con la posibilidad, en el ámbito de la ciencia ficción, de explotar las bolsas del espacio exterior, de la biomasa que ya produjo gasolina, muy cara, en el Tercer Reich y por último de la fusión caliente y fría, la eterna canción, que dará a la humanidad suficiencia energética para siempre.



















La superación de las sucesivas crisis del petróleo dejaba este debate en stand by hasta la siguiente, y sólo el crecimiento de la preocupación ecológica ha motivado que se continuara investigando y subvencionando.









Claro que la discusión, en plena crisis, se pone en marcha de nuevo a propósito del debate que se ha generado como consecuencia del accidente nuclear producido en Japón, tras el terremoto y posterior tsunami. Es esto lo que me ha recordado a los lejanos tiempos de la crisis del petróleo desatada por la reacción árabe a la guerra.










En 1973, los precios del petróleo se multiplicaron y los periódicos se llenaron de artículos sobre las energías alternativas, algunos cautos y razonados, otros excesivamente optimistas y otros delirantes de tipo del recurrente motor de agua.

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