2 jul. 2011

La muerte digna

A partir de su victoria en las elecciones del 14 de marzo de 2004, José Luis Rodríguez Zapatero desarrolló una acción de gobierno en la que aparecen elementos previstos en el programa electoral y otros no previstos que, sin embargo, afectan al consenso constitucional básico y no son meras cuestiones presupuestarias.







Leyes como la de matrimonio entre personas del mismo sexo, la Ley de Cultura de la Paz, la Alianza de Civilizaciones, la Memoria Histórica, la Ley del Tabaco y su modificación y las leyes de Muerte Digna e Igualdad, así como la preparación de una Ley de Libertad Religiosa y el fallido proceso de paz con ETA son el resultado de un plan de ingeniería social hurtado a los electores, es la llamada agenda secreta de Zapatero.







Una parte de esa agenda ha podido llevarse a efecto en el tiempo y forma previsto; sin embargo, otra ha visto afectado su desarrollo por la crisis económica y las medidas de urgencia llevadas a cabo por la presión de los mercados y la UE. Me referiré a hora al anteproyecto de Ley de Cuidados Paliativos y Muerte Digna, que por lo visto va a ser uno de los testamentos políticos del Presidente.









Cualquier cosa que establezca esa Ley debe preservar el derecho del paciente a sus creencias y a morir sin dolor, sin terapias innecesariamente agresivas.
Las últimas voluntades y el testamento vital deben tenerse en cuenta con la colaboración de los familiares, equipo médico y comités éticos, cuya composición decide anteriormente el paciente.









En todo caso, esta Ley no puede ser una vía de entrada para políticas de ahorro y eliminación física decididas por el equipo médico ni para encubrir una eutanasia que beneficie a familiares y Administración, evitando costes y molestias.

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