2 jul. 2011

La religiosidad

Quizá el origen del fenómeno religioso haya que situarlo en el momento en que el hombre tomó conciencia de sí mismo y de su propia muerte. Lo absurdo de la existencia, la necesidad de un orden cósmico espiritual, las visiones de los antepasados en el mundo de los sueños llevaron al hombre a desarrollar ese hueco o necesidad de religión, en definitiva de Dios.

















Ahora, estamos asistiendo al nacimiento de una nueva religión; si os fijáis bien, las formas y maneras de los seguidores del cambio climático son religiosas y, un poco a la manera del budismo, nos dicen que Gaia nos castiga por haber sido malos y haber producido el nefasto CO2. Cuando les atacas, en leve discusión puramente dialéctica, te estigmatizan y si estuviera en sus manos te encerrarían, como pedía aquella joven activista norteamericana que instaba a castigar penalmente a quienes expresaran en público opiniones anticalentólogas.















Se considera a Mircea Eliade uno de los fundadores de la Historia moderna de las religiones. Erudito, estudioso de los mitos, Eliade elaboró una visión comparativa de las religiones, hallando relaciones de proximidad entre diferentes culturas y momentos históricos. En el centro mismo de la experiencia religiosa, Eliade situó a lo sagrado, como la experiencia primordial del Homo religiosus.















A pesar de que el marxismo, intento intelectualmente muy serio de articular una moral histórica ajena a la filantropía, era materialista, sus seguidores no pudieron escapar a la tentación ideológica de religiosidad. Carnap, la Economía clásica, Ernst Mach y Karl R. Popper, entre otros, habían refutado los principios doctrinales del marxismo pero eso no había podido impedir que la desafección religiosa, que empieza a tomar carta de naturaleza en la segunda mitad del siglo XIX, hubiera terminado afectando a amplias capas del pueblo con las consignas marxistas y anarquistas.







Las masas, sobre todo en países como España con un bajo nivel de educación del pueblo, adoptaban esas teorías como si se tratara de religiones alternativas con la esperanza de un mundo mejor, ardientes de moral filantrópica.








De ahí las momias de Lenin y Stalin junto a Súslov de sumo sacerdote, de ahí la poca consideración intelectual del marxismo producido en los países comunistas, la consideración de su palabra como sagrada aunque hiciera giros incoherentes y la aceptación de la represión y hasta el martirio desarrollado por ellos como un débito obligatorio, véanse si no los procesos de Moscú con el fiscal Vichinsky o la novela "El Cero y el Infinito" de Arthur Koestler.

















Si Jung, el psiquiatra suizo, representa el intento de articular y dar a comprender a la mente occidental la fenomenología de la experiencia mística, mediante el estudio de los "símbolos de la mente inconsciente", Eliade representó durante el siglo XX la articulación y la pedagogía del fenómeno religioso, pero no tan sólo el propio de la Historia occidental, sino el proceso religioso que aconteció en Eurasia desde el neolítico en las sociedades de cazadores, hasta el advenimiento de las grandes religiones como el budismo, el mazdeísmo y el cristianismo.

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