2 jul. 2011

Rosellón, Gibraltar, Olivenza

Resulta sorprendente en la España de Zapatero cómo se ha sacrificado la política exterior, que ciertamente puede que no le interese al ciudadano, pero que es la que marca la posición de un Estado en el mundo. Sin embargo, en España, el gobierno sólo ha tenido interés en la política interior; si no, no se explican los largos años de Ministerio de Asuntos Exteriores con Moratinos.






La estructura del ministerio ha girado en manos de tres eminencias grises: una Miguel Ángel Moratinos, otra Máximo Cajal y por fin, el líder en la sombra, Bernardino León
.


















Así pues, nuestra política exterior estaba basada en atacar al Partido Popular y en la rendición preventiva, dentro de un ansia infinita de paz. Máximo Cajal, personaje que ya dio que hablar cuando fue embajador en Guatemala con la UCD, ha llegado a escribir en un libro que España debe retirarse de Ceuta y Melilla para dar gusto al sátrapa marroquí. Yo me voy a permitir recordar algunos contenciosos que han llegado a buen término para España, complementando firmeza y rigor.



Primero expondré los casos en los que yo creo que se han dado las condiciones, dentro del poder relativo que la posición de España en cada momento permitía; estos son los casos de la Baja Navarra, Rosellon, Cerdaña y Olivenza, así como el mantenimiento de Ceuta y Melilla.

















Los casos de Baja Navarra, Rosellón y la Cerdaña son sustancialmente parecidos. Territorios disputados con Francia en la época de esplendor español en los que se llegó a un acuerdo cuando la estrella francesa se elevaba y caía la nuestra. Y es que, en todos los casos, había territorios en disputa a uno y otro lado de los Pirineos; siendo que al final, y tras la derrota francesa en la guerra de independencia, se firmó un acuerdo que ponía fin a los contenciosos y reconocía la frontera pirenaica.








Las razones de las cesiones son las que siguen: Baja Navarra, por haber sido recuperada para Francia por un Rey francés, descendiente de los agramonteses; Rosellón y Cerdaña por formar la parte ultrapirenáica de la Marca Hispánica; de esos acuerdos surge también la independencia de Andorra y el enclave español de Llivia.















El caso de Ceuta y Melilla aparece por nuestra posición en África, mucho antes de la creación del Reino de Marruecos, en un territorio en el que el Sultán no tenía poder
. El caso de Olivenza se produjo a finales del siglo XVIII, en la Guerra de las Naranjas. Tras la victoria de la alianza hispano portuguesa en la guerra contra Napoleón, se firma un acuerdo que ha sido respetado por todos los gobiernos portugueses hasta ahora, aunque, es verdad, hay delirantes nacionalistas que reivindican la ciudad.












Contrastan estos hechos con la política seguida en Gibraltar. Una colonia conquistada por Inglaterra, basándose en la situación de guerra civil que se producía en España (Guerra de Sucesión); luego, los ingleses expulsaron a la población indígena y llenaron la colonia con gente de aluvión. Ciertamente, el territorio les pertenece por el tratado de Utrecht, pero no el territorio del aeropuerto por lo que España debió de haber mantenido el bloqueo, haciendo pagar a Inglaterra el coste, y no cediendo como ahora, con contrabando y extensión ilegal de las aguas territoriales.








Y no es que tengamos que sentir vergüenza; nuestros ejércitos han puesto en entredicho a Inglaterra muchas veces como he contado es este blog, aunque haya faltado suerte, que no valor, en los asedios a Gibraltar; y nos hemos permitido renunciar, noble e inteligentemente, a recuperar la colonia con ayuda de Hitler (operación Félix).









Con humor, pienso en la inevitable masa de hielo que cubrirá Londres en la próxima glaciación (1000 m) y en que eso nos reivindicará.














China, con una política basada en la fuerza y el derecho, ha recuperado Hong Kong, por ser inviable sin los nuevos territorios. Los chinos permiten la presencia portuguesa en Macao, ya bajo su soberanía, por interés.

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