14 ene. 2011

El canto del cisne

La decadencia en el plano político y militar se hizo visible poco después de que la Pax Hispanica, en el primer cuarto del siglo XVII, pareciera asegurar la hegemonía española en Europa, aun a costa de algunos retrocesos parciales. En realidad, fue sólo el preludio de un declive cada vez más rápido, hasta finales de siglo, cuando las nuevas potencias, Francia en particular, se sintieron capaces de determinar el destino de España. Aun así, durante la mayor parte de dicho siglo siguió habiendo una vida artística y literaria de primer orden, por más que el pensamiento también decayó.















El siglo XVIII, sobre todo la segunda mitad, permitió cierta recuperación bajo una Ilustración no desdeñable, aunque ciertamente muy por debajo de la fuerza y originalidad del Siglo de Oro o de los grandes países ilustrados, Alemania, Francia y Gran Bretaña. Durante ese siglo, el país fue reponiéndose de la decadencia anterior, un proceso que resultaría quebrado por completo con la invasión napoleónica.





Un efecto de esta última fueron unas muy graves querellas civiles, antes infrecuentes (durante tres siglos, España había sido quizá el país europeo con más estabilidad interna), y un fuerte retraso en la revolución industrial, que estaba dando a las principales potencias europeas, particularmente a Inglaterra, una ventaja abismal sobre las demás culturas y civilizaciones del mundo. Es esta una etapa que en la Nueva historia de España se ha denominado Edad de Apogeo de Europa, y que coincide en nuestro país con una prolongada depresión.














Por otro lado, la crisis de España lo es también de nuestros valores como empresa colectiva (ahí están esas crecientes tendencias disgregadoras en lo que hasta ahora eran nacionalismos moderados) y como sociedad, que cree en algo por encima de nosotros los individuos. Esta cultura progre que se basa en el multiculturalismo, el relativismo y el secularismo extremo desemboca forzosamente en el ataque a la familia, la institución social básica como se está demostrando frente a la crisis, a la educación y a la vida misma. Y todo eso no nos puede salir gratis. El precio: una sociedad decadente y desentendida del futuro. No es nuestra mala economía, es la falta de nervio colectivo lo que hunde a España.

















Actualmente en España padecemos un gobierno anticatólico y desestabilizador de la Constitución Española, parece que tenga un gran interés en debilitarla y arruinarla. También tenemos un gobierno que coexiste con el independentismo y con los que vocean por una Tercera República. Si a todo esto sumamos las tramas oscuras y conspirativas en las que se encuentra implicado este gobierno desde el 11M, podemos percibir muy de cerca a la masonería.







Francia estaba siendo superada por España en todas las cifras tanto económicas como de empleo y nos estábamos convirtiendo en un serio rival de nuestro país vecino. España tenía bloqueada la Constitución Europea y muchas medidas económicas venían a favorecer la economía española como el pacto de Niza. La historia dentro de muchos años terminará por revelar si los acontecimientos del 11M, para derrocar al gobierno Aznar, tuvieron algo que ver con la masonería, si es así España se enfrenta a otro de sus tristes y peligrosos episodios y a un futuro bastante incierto. Velemos porque no sea así.



















Nuestros triunfos deportivos fruto de una política adecuada desde el COE de Ferrer Salat, de una educación física generalizada, del aumento del nivel de vida y de un ultraprofesionalismo de los espectáculos deportivos no es otra cosa que el canto de cisne de nuestra nación.







Pero la Nación histórica pervivirá, con otras unidades políticas, con otra cultura, como sobrevivirá el solar de Occidente aunque este desaparezca, y desde luego, lo que surja estará influido por nuestra cultura y nuestros genes, pero ésta no será ya más.




No nos pongamos tristes, no se puede vivir del pasado, hay que fabricar futuro, pero tampoco olvidarlo o encerrarlo como pretendía Costa.







Ya se lo dijo Kissinger a Carrero, antes de que éste muriera, cuando España se hace grande eso preocupa.

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