15 jun 2010

Los guerreros chinos








Los Guerreros de terracota (pinyin: bīng mă yŏng, traducción literal: "Figuras de soldados y caballos"), dentro del Mausoleo de Qin Shi Huang, también conocido como Mausoleo del Primer Emperador Qin (pinyin: qín shĭ huáng líng), que fue descubierto en marzo de 1974, durante unas obras para el abastecimiento de aguas de regadío (pozo) cerca de Xi'an, provincia de Shaanxi, República Popular China. Desde el año 1987 está considerado como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.







El ejército consiste en más de 7.000 figuras de guerreros y caballos de terracota a tamaño real, que fueron enterradas cerca del autoproclamado primer emperador de China, de la Dinastía Qin, (Qin Shi Huang) en 210-209 a. C.














Este emperador se considera el primer unificador de China, siendo el constructor del primer esbozo de muralla china. Todo el Asia que es zona de influencia de China está habitada por pueblos que tienen las características raciales que solemos llamar asiáticas, es decir el pliegue mogólico; sin embargo, los paleoantropólogos han encontrado restos en China de pueblos con ojos redondos. Quizá los antecesores de los pueblos engarce entre las etnias asiáticas y las europeas, como fineses, lapones, húngaros y turcos.











Hace tiempo que China no está tan lejos, se puede llegar rápido y barato, pero espiritualmente todavía continúa aislada aunque su economía le obliga a abrirse y desde luego a situar compatriotas en todo el mundo.











Quizá un día desaparezca el fantasma de Fu Manchú, el asiático que quería derrotar a Occidente con sus propias armas; hoy día Ben Laden es Fu Manchú.

12 jun 2010

Demografía y tiempo

La demografía (del griego δήμος dēmos 'pueblo' y γραφία grafía 'trazo, descripción') es la ciencia que tiene como objetivo el estudio de las poblaciones humanas y que trata de su dimensión, estructura, evolución y características generales, considerados desde un punto de vista cuantitativo. Por tanto la demografía estudia estadísticamente la estructura y la dinámica de las poblaciones humanas y las leyes que rigen estos fenómenos.



















La población del Imperio Romano aumentó debido a su propia expansión que llegó a su máxima extensión (5 millones de Km2) con Trajano en el 117 dC.



















Los demógrafos no se ponen de acuerdo en especificar la cantidad de gente que había en el Imperio Romano y su zona de influencia, hay dos hipótesis: la optimista y la pesimista; en la primera el área de influencia romana en la época de Trajano, con la máxima expansión territorial y económica, tenía 90 millones de habitantes, en la versión pesimista tenía 50 millones de habitantes, en las dos versiones el Imperio Chino y su zona tenían lo mismo y el resto del mundo también, es decir 90/90/90 o 50/50/50.








Hay una cierta unanimidad en que los habitantes de la ciudad de Roma eran, en la época de Trajano, unos 10.000.000 si hoy en día en Roma hay 4.000.000 de habitantes nos damos cuenta del descomunal tamaño que llegó a tener. La mayoría de la población se distribuía en barrios en el trasmuro y hoy en día en áreas rurales cercanas a Roma si se hace una excavación encuentran ruinas.














En la época del Imperio Español de Felipe II, la distribución es, según los demógrafos, mas ajustada, entre 500 y 600 millones era lo que tenía el mundo, lo que no cambia es la distribución: un tercio Europa, un tercio el Imperio Chino y un tercio el resto.












Hoy día, el mundo ronda los 7.000 millones de habitantes y cuando yo estudiaba, con diez años, se decía que había 3.500 millones de habitantes. Se calcula que hasta llegar a cierta estabilidad en 12.000 millones, la bomba demográfica seguirá creciendo; luego, en las próximas expansiones, habrá que poblar el fondo marino y el sistema solar, pero eso ya es ciencia ficción.







Huesca y el Valle de Arán









Javier de Burgos fue nombrado Secretario de Estado de Fomento bajo el ministerio de Cea Bermúdez, y fue en ese cargo en el que estableció la división territorial por provincias, basándose en los planteamientos del Nuevo Régimen, pero tomando como base la antigua división en reinos de España. El decreto fue aprobado el 30 de noviembre de 1833.














Parece claro que tenía amigos catalanes, pues incluyó en la provincia de Lérida al Valle de Arán.













La comarca toma el nombre del valle en que se encuentra. El nombre Val d'Aran es aranés. La teoría más difundida establece que Val d'Aran es en sí mismo un pleonasmo, ya que significaría Valle del Valle (val significa valle en aranés y aran, del antiguo euskera haran, también significa valle), ya que el euskera se habló en pueblos pirenaicos de Lérida hasta los siglos XII - XIII.














La denominación Val d'Aran (en aranés), a menudo aparece escrita como era, la Val d'Aran, usando el artículo femenino en aranés como parte del nombre (tanto en aranés como en catalán, la palabra "valle" (val, vall) es femenina).







En catalán, se denominaría la Vall d'Aran y en castellano el Valle de Arán (siguiendo las reglas ortográficas del castellano, cuando se hace referencia al valle, y no a la comarca, el término "valle" se escribe con minúscula).









Las primeras referencias concretas al Valle de Arán las encontramos en el siglo X, en el que el valle aparece vinculado al condado de Ribagorza. Pedro I de Aragón intervenía en estas tierras cuando murió en el Valle el 28 de septiembre de 1104.








En 1175, el valle pasa a formar parte de la Corona de Aragón mediante el Tratado de Amparanza (o Emperanza) firmado con el rey Alfonso II. En el año 1192 hay referencias de la construcción del Hospital de Viella para dar cobijo a los viajeros.


















No le afectaron los decretos de nueva planta y Felipe V no lo incluyó en Cataluña.

8 jun 2010

La ostentación demuestra carencias












Dice el tango que el siglo XX es cambalache, pero el autor murió y no puede ver el XXI que no sabemos lo qué llegará a ser. Inmersos en una brutal crisis y con la economía hundida, la ciudadanía asiste asombrada al sangriento despilfarro, que de manera imposible ahora de ocultar, realizan nuestros políticos.






















La ostentación, la feria de las vanidades, es un síntoma de carencias, de la sociedad de espectáculo que vivimos, ¿no es una foto el máximo deseo de nuestros políticos?


















En 1990, justo antes de que se iniciara la Guerra del Golfo, Baudrillard predijo que dicha guerra no ocurriría. Después de la guerra, proclamó haber estado en lo cierto: "La Guerra del Golfo no tuvo lugar".









En esta obra, Baudrillard presenta la primera Guerra del Golfo como la inversa de la fórmula de Clausewitz: no era "la continuación de la política por otros medios" sino "la continuación de la ausencia de la política por otros medios".






















Así, también los medios de comunicación occidentales fueron cómplices, presentando la guerra en tiempo real, mediante el reciclaje de imágenes de guerra para propagar la idea de que los dos enemigos, los EE.UU. (y aliados) estaban en realidad luchando contra el ejército iraquí.










Pero Saddam Hussein no hizo uso de su capacidad militar (la Fuerza Aérea iraquí) y su poder político-militar no se debilitó (se suprimió la insurgencia kurda contra Irak al final de la guerra). Por lo que poco cambió en Irak: el enemigo fue invicto, los vencedores no salieron victoriosos, y por lo tanto, no hubo guerra.

7 jun 2010

Inquisición









A pesar de los esfuerzos de la filosofía de la ciencia y de la teoría de la ciencia, hoy nos encontramos en un contexto en el que se utiliza la ciencia a la manera religiosa, como una ideología, de forma que la disensión va pareciendo inaceptable. Desde un punto de vista doctrinal, el desprestigio que sufrió la filosofía del primer positivismo no ha sido suficiente para curarnos de ese defecto.







Los políticos nadan, en el campo ideológico, como peces en el agua; aunque, eso sí, defendiendo en la mayoría de las situaciones sus intereses en materia de poder y dinero.
































Actualmente, la intransigencia y la ausencia de espíritu científico se manifiestan en un sin fin de materias, como por ejemplo el calentamiento global donde se están batiendo marcas.










Hace unos años hubo una propuesta, de un grupillo minoritario en el Senado de USA, para reprimir por ley a los que manifestaban públicamente su falta de fe en el calentamiento global por causas antropogénicas; esto era una vuelta de tuerca de la corrección política, el argumento utilizado era que, al opinar así, favorecían la inacción frente al problema; es decir lo que subjetivamente era un derecho objetivamente era un pecado.






















El año pasado, al Papa Benedicto XVI le hicieron boicot y no pudo dar unas conferencias en una universidad italiana, nadie se preocupó de recordar las enseñanzas de Wittgenstein en el sentido de que la religión no era materia antagónica de la ciencia sino otra cosa, un campo distinto al que, si no se sabe, es mejor dejar en paz.










Determinados cantamañanas como Dawkins han abandonado la investigación científica para dedicarse a atacar la religión, y eso a pesar de que se necesitan modelos evolutivos que sean algo más que hipótesis incompletas.




















Otras materias, como el origen del universo, no despiertan tantas controversias, a pesar de que es el problema científico más importante que existe, quizá como no ofrece beneficio a políticos y propagandistas, no mueve ánimos fuera del campo científico.


















"En cosmología física, la teoría del Big Bang o teoría de la gran explosión es un modelo científico que trata de explicar el origen del Universo y su desarrollo posterior a partir de una singularidad espaciotemporal. Técnicamente, se trata del concepto de expansión del Universo desde una singularidad primigenia, donde la expansión de éste se deduce de una colección de soluciones de las ecuaciones de la relatividad general, llamados modelos de Friedmann- Lemaître - Robertson - Walker. El término "Big Bang" se utiliza tanto para referirse específicamente al momento en el que se inició la expansión observable del Universo (cuantificada en la ley de Hubble), como en un sentido más general para referirse al paradigma cosmológico que explica el origen y la evolución del mismo".





























En una habitación, cuando la inquisición entra por la puerta, sale la ciencia por la ventana.

6 jun 2010

Viajes













La humanidad nació, dicen, en algún lugar de África y, a partir de ahí, se expandió por todo el mundo de una manera sin parangón, de forma que los otros homínidos desaparecieron. La llegada a América se produjo de forma tardía, atravesando el estrecho de Bering, en sucesivas oleadas desde hace 30.000 años hasta hace 12.000; luego el estrecho de Bering se cubrió de agua.


















Es verdad que las corrientes marinas y la capacidad marinera de los polinesios y aborígenes chilenos crearon un área de comunicación en el Pacífico que permitió el intercambio genético entre América y el viejo continente euroasiático-africano junto con Oceanía, como descubrió el navegante noruego y antropólogo Thor Heyerdahl.








Sin embargo, yo quiero hablar aquí de una época posterior en la historia, cuando los pueblos del mundo antiguo con conocimientos de navegación realizaron increíbles periplos, en los que sin duda se dieron ocasiones para llegar por casualidad a América. Es más que probable que esto ocurriera, otra cosa más difícil es que pudieran regresar después.
















Según Heródoto (nacido en 484 a. C.), una expedición fenicia auspiciada por el faraón egipcio Necao II (proclamado rey en 610 a. C.) circunnavegó el continente africano por primera vez. El faraón quería buscar un paso hacia occidente desde el mar Rojo. Tras fracasar en el intento de construir un canal que uniese el mar Rojo con el Mediterráneo a través del Nilo, decidió buscar un paso hacia occidente por el Sur.










Cuenta Heródoto que varias naves fenicias circunnavegaron el continente africano, denominado entonces Libia, en una expedición penosa que efectuó dos largas paradas para conseguir provisiones, y que tardó tres años en llegar a las columnas de Hércules (estrecho de Gibraltar). Algunos piensan que los fenicios llegaron a fundar una colonia en el Congo en esa expedición o en otra posterior dirigida por Hannon el Navegante.














Durante años los admiradores de los vikingos, que eran legión en Norteamérica, buscaron sin éxito los restos de los asentamientos que se citan en las sagas de Leif Eriksson.









Nacido en Islandia, Leif fue el segundo de los hijos del explorador noruego Erik el Rojo, quien hacia el año 985 fundó el primer asentamiento vikingo en Groenlandia, poco después de haber sido exiliado de Islandia.










Alrededor del año 1000, guiado por los relatos del comerciante Bjarni Herjólfsson, se dirigió hacia el oeste y pasó un invierno en una tierra a la que denominó Vinland y que describió como abundante en salmones y pastizales. Su campamento constituiría el primer asentamiento europeo en América, quinientos años antes que Cristóbal Colón. Al final, encontraron pruebas de asentamientos nórdicos en Terranova, pero eso, siendo América, no es Vinland.












Otros de los muchos que probablemente visitaron América son los griegos, fenicios, celtas y el único que volvió, según cuenta la leyenda, es San Brandán.





























La leyenda de su viaje se extendió durante siglos por la Europa cristiana; de acuerdo con la citada Navigatio partió el 22 de marzo del 516 con otros diecisiete monjes en un barco para buscar el Paraíso Terrenal. Después de un largo viaje, recaló en un mar lleno de islas; la identidad de éstas ha sido motivo de controversias, y se ha afirmado que posiblemente se tratara de las próximas a Terranova, lo que haría de Brandán quizá el primer occidental en llegar a América, también se las identifica con las islas del mar Caribe o las islas Canarias (España).









La leyenda cuenta que los monjes celebraron una misa de resurrección en una isla que resultó ser una ballena, y así nació la leyenda de la isla errante en las aguas del Océano Atlántico.

La lengua catalana









Como ya he expuesto en otras entradas del blog (presionar
aquí), la prosperidad de Cataluña no ha ido asociada, hasta ahora, a la elevación de la autonomía y las señas de identidad.



















Una de las cuestiones más candentes, que despierta más pasiones, en la Cataluña actual es la cuestión del idioma.


















A mi modo de ver, esto está relacionado con la percepción de la decadencia de España por parte de la burguesía industrial catalana, y, claro, de varias maneras. Hasta 1975, la pequeña y la media burguesía estaban ejerciendo una lucha y un despertar de la cultura catalana radical; la gran burguesía lo hacía más de boquilla, ya que en privado se desenvolvía en español. Luego, la llegada de los inmigrantes, que procedentes de áreas de habla española, vino a asociar al español con el proletariado; también existía una pequeña burguesía de habla española y procedente del exterior, abundante en Barcelona.

















El increíble crecimiento de la industria y la economía catalanas, asociado al proteccionismo, influía en el desarrollo no solamente de la Barcelona metropolitana sino de todas las provincias catalanas, el viajero se quedaba sorprendido al ver la pobreza de amplias áreas de Castilla y Andalucía.

















En otra época, por ejemplo en la de Aribau, el comportamiento de los catalanoparlantes se parecía al comportamiento actual de los habitantes de la Franja de Ponent, empleaban el catalán en casa y el español en el trabajo y relaciones sociales de importancia.







Pero el orgullo de la riqueza acabó con este equilibrio, el movimiento culturalista de reivindicación de la lengua fue anterior al catalanismo político y se llamó Renaixença.
















El catalán es una lengua de tipo provenzal, del mismo grupo que el Lemosín, la langue d'oc, el occitano, el gascón, el valenciano y el balear entre otras. Todas esas lenguas son dialectos, muchos de ellos en trance de desaparecer, pero las tres de España gozan de excelente salud por el empuje económico de las regiones respectivas y por el empuje inicial de la Renaixença, así como por las políticas de protección. Hoy día se pueden considerar dialectos del idioma normalizado catalán.

5 jun 2010

La perfección














Siempre me he preguntado, en mi ignorancia, si el envejecimiento era consecuencia de la acumulación de errores y defectos en la duplicación y réplica del DNA o si nuestra fecha de caducidad, la de cada uno, ya está impresa en nuestros genes.























Con el envejecimiento comienza una serie de procesos de deterioro paulatino de órganos y sus funciones asociadas. Muchas enfermedades, como ciertos tipos de demencia, enfermedades articulares, cardíacas y algunos tipos de cáncer han sido asociados al proceso de envejecimiento.
Por este motivo la investigación a nivel celular de ese proceso ha recibido especial atención. Uno de los hallazgos relevantes es que las células normales están programadas para un número determinado de rondas divisionales.




















Cada cromosoma posee en sus extremos una serie de secuencias altamente repetitivas y no codificantes denominadas telómeros. Debido al mecanismo de replicación del ADN de las células, los telómeros se van acortando con las sucesivas divisiones. Esto se ve atenuado por la existencia de una enzima llamada telomerasa que realiza la replicación telomérica.









Sin embargo, la actividad telomerasa funciona en células embrionarias, pero se inactiva en células somáticas, lo que conlleva un acortamiento progresivo de los telómeros cromosómicos; cuando el tamaño de los telómeros llega a un cierto nivel mínimo, se desencadenan mecanismos que conducen a la muerte celular.



















Por esta razón, el acortamiento telómerico se ha asociado con el proceso de envejecimiento celular. De esta forma, el largo de los telómeros representaría una especie de reloj genético que determinaría el tiempo de vida de las células.




















Así pues, los agentes externos como la radiación o la oxidación son complementarios de ese reloj genético, por lo menos esto es lo que se cree hoy en día.









Desde luego es una pena, pero somos seres imperfectos y finitos. No somos ángeles.

La política exterior

La verdad es que, a partir de la pérdida de la hegemonía de España en el siglo XVII, nuestra política exterior se ha caracterizado por su timidez y por ser reactiva a los acontecimientos, pero nada se parece a la nefasta gestión desarrollada por el tándem Zapatero-Moratinos.






En estos momentos, y sin peligro de equivocarnos, podemos decir que no tenemos política exterior; todo lo que se trabaja en ese terreno se hace mirando al interior de España, es una parte de la política interior. Recuerdo al inefable Moratinos arrastrándose junto a Hugo Chávez y acusando al anterior gobierno español de propiciar un golpe de Estado en Venezuela o la complacencia con que Zapatero escuchaba los insultos de Chávez a Aznar, lo que obligó a intervenir al Rey en esa especie de jaula de grillos que es la conferencia España-Latinoamérica.





El logro en política exterior del que se enorgullece el gobierno, la ridícula alianza de civilizaciones, no es otra cosa que llevar la contraria a Aznar en su apuesta por la guerra contra el terrorismo de Bush. ¿Y qué decir de la retirada de Iraq o la insistencia en llamar a la guerra de Afganistán misión humanitaria?





En Hispanoamérica, y a pesar de la gran relación humana, cultural y económica ya que compartimos industrias culturales y somos el segundo inversor, nunca hemos sido tan poco respetados.







El despiste de los socialistas en materia de exteriores, su desprecio a los intereses de España como cuando el presidente se fotografió en Rabat junto un mapa que incluía en Marruecos a Ceuta, Melilla y Canarias o cuando llevó a Estrasburgo el asunto del proceso de rendición ante ETA, a mi entender pura y simple traición, llega al límite de la negligencia culpable.





La consecuencia de este ninguneo es el poco peso español en el mundo; quien vea un mapa se dará cuenta de por qué no está España en el G 20 y sí lo está Canadá.








La propia Francia, menguada económicamente pero con peso político-militar, está en la primera división; y nosotros en regional.

3 jun 2010

La guerra civil y el franquismo

Durante el periodo de 1936-1939 en este ya viejo (quizá el más viejo entre los Estados actualmente existentes ya que realidades como el Imperio Romano, el antiguo Imperio Chino o la España de los godos no son realidades con continuidad actual) Estado y nación que es España se desarrolló una cruenta guerra civil.









No quiero decir que esa guerra sea diferente a las ingentes cantidades de guerras civiles que, a lo largo de la historia y ahora mismo, se han dado tanto fuera como dentro de España sino que quiero resaltar la importancia que tuvo, y todavía tiene, para la vida política de los españoles.
















En primer lugar, el contexto internacional con una pérdida de prestigio del régimen parlamentario que sólo se recuperó tras la Segunda Guerra Mundial. En Europa, Italia, Alemania, Polonia, Rumanía, Grecia, Rusia, Bulgaria, Hungría y Portugal, entre otras,
eran dictaduras y el fantasma de la guerra recorría el continente. La deriva revolucionaria llevó a una parte del ejército y a algunos partidos políticos a dar un golpe de Estado defensivo que al fracasar desembocó en una cruel guerra.








Los dirigentes de la República no intentaron siquiera atajar la revolución y parecía que buscaban la confrontación civil; se infravaloraron los peligros de la guerra, se abandonó la defensa de la democracia como valor en sí misma y se la utilizó de forma instrumental, de manera que sólo valía si llevaba a la victoria.








La unidad del Frente Popular lo era en relación con su enemigo, permaneciendo una total ausencia de suelo de Rawls entre sus miembros; la actitud antidemocrática y antiespañola del partido socialista, la nefasta gestión de la guerra y de su zona de influencia por parte del gobierno del Frente Popular propiciaron que se sucumbiese a los intereses políticos de la URSS.























Como dice el historiador norteamericano
Stanley G. Payne:



"La influencia soviética en la Guerra de España es un tema sobre el que existe una abundante documentación, ampliada después del desplome de la Unión Soviética, especialmente durante la caótica situación vivida en Rusia durante la época de la presidencia de Boris Yeltsin, por ejemplo las investigaciones y aportaciones relativas a Lenin y Stalin realizadas por Volkogonov, entre otras. Sin embargo, tal limitada apertura de los archivos soviéticos cambió casi por completo al acceder al poder Vladimir Putin y comenzar a recuperar la Rusia postsoviética parte de su antigua influencia, superar el complejo de derrota, recuperar el orgullo nacional, controlando el poder los "siloviki"; denominación aplicada a antiguos oficiales del KGB, decisivos en el entorno de Putin, así como algunos oligarcas.


Hoy, 2010, siendo presidente de Rusia Dimitri Medvedev, y Putin primer ministro, situación que puede invertirse pacíficamente y de común acuerdo en los próximos años, la limitación y de control sobre la apertura de archivos y documentos secretos sigue siendo similar. No obstante, lo relativo a la influencia del PCUS, y por tanto de Stalin, sobre el rumbo de la política española, no es algo abundantemente probado, sino que reviste caracteres axiomáticos.

Primeras muestras de la influencia soviética.


La primera muestra de la influencia soviética se refleja de modo prístino desde el primer instante. A medida que el Alzamiento se convierte en guerra abierta y que ni los alzados logran el rápido triunfo esperado en un principio, ni las fuerzas del Frente Popular (los "republicanos" comienzan a convertirse en una fuerza en extinción) consiguen el confiado estrangulamiento de los alzados, el partido comunista español, bajo el control total de la Internacional comunista, crea un nuevo instrumento operativo.










Tras los primeros momentos del Alzamiento del 18 de julio, fracasado ese intento de un golpe rápido y planteado un nuevo escenario bélico, en la mentalidad de algunos dirigentes socialistas y sindicalistas predominó la concepción de que en una guerra popular revolucionaria el instrumento ideal era la milicia. Esto podía ser verdad en un movimiento que se resolviese en días, pero en una visión anticipada de una guerra civil con frentes regulares, con operaciones complejas y movimiento de fuerzas numerosas con armamento moderno dejaba de serlo.


De las milicias al Ejército.


La Internacional Comunista, con experiencia tan importante como la guerra civil rusa, impulsa al partido comunista español, fiel ejecutor de sus consignas, a trascender desde un primer momento la anárquica y caótica desorganización de las milicias socialistas y anarquistas, con la creación de un embrión de lo que sería el futuro Ejército Rojo, destinado a dominar y controlar al cada vez más inexactamente denominado Ejército "republicano" a medida que iba avanzando la guerra. La creación del 5º Regimiento por el partido comunista representó la primera medida activa, reveladora de la presencia del PCUS en la guerra de España.


El 5º regimiento representa el primer paso hacia la creación de un verdadero ejército rojo futuro, creando los cuadros destinados a trascender una situación inicial, sentando las bases para la constitución de una fuerza armada disciplinada y con eficacia combativa. Antitética con las milicias, activas en la retaguardia en la ejecución de crímenes y desmanes, pero de eficacia combativa sumamente escasa.

La propaganda.



Aunado a la creación de ese embrión de ejército rojo, jugará un papel de suma importancia, otro arma: la propaganda. La propaganda presentará al PCE como la fuerza eficaz por excelencia, despertando a medida que el tiempo transcurre, el recelo de socialistas y anarquistas hasta entonces mucho más poderosos y con mucha mayor afiliación que ese pequeño partido, el PCE, convertido cada día más acentuadamente en un rival crecientemente fuerte y temible.

El aparato propagandístico del partido comunista trabajará a pleno rendimiento utilizando recursos innovadores con base en las tácticas utilizadas en la iconografía soviética, unidas al tan eficaz recurso de la radio. Y en ese enorme aparato una figura desempeñaría el estrellato, Dolores Ibárruri, la Pasionaria.

Un mito de la propaganda comunista: la Pasionaria.


La mujer que hablaba habitualmente de matar, la que no tenía perdón para nadie, el personaje implacable que ardía en frases y condenas incendiarias contra todo aquel que considerase adversario, será el mismo que sin embargo callará sumisamente en las reuniones del Buró Político, no por prudencia sino esperando a que se decida cual va a ser la línea dominante, cual va a ser la orden de Moscú.


El aparato propagandístico del partido trabajará desde el comienzo del conflicto a pleno rendimiento utilizando recursos innovadores en base a las técnicas utilizadas en la iconografía soviética unida al tan eficaz recurso de la radio. Y en ese incipiente aparato, pero desarrollado a velocidad inaudita y con extensión amplísima la Pasionaria como encarnación en una persona del partido comunista, aparece con sus fotografías cavando trincheras en las defensas de Madrid, transposición de las imágenes de la revolución bolchevique y la guerra civil rusa. Ampliada la repercusión del mensaje del partido por sus vibrantes e incendiarias intervenciones radiofónicas.


Y con características puras de la tecnología bolchevique, por una parte arengará a las masas simbolizando en el partido la lucha del pueblo contra el fascismo. Y por otra, reflejo fiel de esa mentalidad chekista, excitando a la delación y a la represión, con consecuencias tan sangrientas y crueles

Sus famosas frases con el colosal apoyo del agitprop soviético rebasarían los límites españoles, y gracias a ese genio de la propaganda bolchevique, Willy Múnzenberg –asesinado años más tarde por orden de Stalin- y a los Múnzenberg de menor categoría, darían la vuelta al mundo, sembrando mediante una asombrosa campaña de desinformación la fructificación no sólo entre el proletariado proclive, sino entre medios burgueses tan desconocedores de la realidad española cual si de un conflicto entre aborígenes australianos se tratase.

La proyección universal del mítico "No pasarán", no inventado por el aparato propagandístico del partido comunista, sino por el general francés Nivelle -no por Petain– durante la batalla de Verdún. O el "Más vale morir de pie que vivir de rodillas", de la que hay dos versiones de su origen, la de una canción de la revolución mejicana, y la de una frase "patriotera " francesa.

En la magnificación del mito, la Juventud Socialista Unificada formará un batallón con el nombre de Pasionaria, y frente a esa España clasista donde sólo podían tener carrera las "gentes de bien", los niños, con encantadora y sospechosa ingenuidad dirán : «También nosotros tenemos derecho a ser ingenieros y médicos, y lo que haga falta. Por eso queremos ir a la Unión Soviética».

En la vasta bibliografía de la guerra de España de 1936 a 1939, sobre la que se han escrito miles de libros, la cuestión más turbia y controvertida ha sido determinar cuáles fueron exactamente el papel y la política de la Unión Soviética. Poco después de concluir el conflicto, Walter Krivitsky, el más importante desertor de la NKVD -policía política estalinista- de la época, escribió lo siguiente: «La historia de la intervención soviética sigue siendo el principal misterio de la Guerra Civil española». Hace apenas tres años, el historiador británico Gerald Howson observó que esta cuestión «ha provocado más preguntas, confusiones y agrias controversias que cualquier otro tema de la historia de la Guerra Civil de España».

La derrota de Alemania e Italia en la II Guerra Mundial, las dos potencias que intervinieron en el bando de Franco, trajo como consecuencia la total apertura de los archivos de estos países, pero el triunfo y la larga vida de la Unión Soviética significaron que hasta los años 90 sus archivos sólo podían ser consultados por el reducido número de historiadores soviéticos considerados afines a la línea del partido, a quienes concedieron un acceso limitado a los fondos. Por tanto, el papel de los soviéticos en la guerra española continuó siendo motivo de controversia entre los historiadores que sólo podían consultar los archivos de España y de otros países occidentales.

El velo comenzó a apartarse lentamente tras la disolución de la Unión Soviética en 1991, cuando los investigadores occidentales pudieron por primera vez acceder directamente a los archivos soviéticos. Las oportunidades fueron mayores a principios y mediados de los años 90. Más recientemente, dado el creciente nacionalismo de la segunda Administración de Yeltsin y del actual Gobierno de Putin, se ha vuelto a restringir a los historiadores extranjeros el acceso a estos documentos.

Los tres fondos que quedaron más disponibles para los especialistas extranjeros fueron los archivos de la Internacional Comunista y del Ejército Rojo, y algunos archivos secundarios relacionados con asuntos culturales. Los archivos del Ministerio de Asuntos Exteriores de la Unión Soviética y del NKVD/MVD/KGB -los dos últimos, Ministerio del Interior y policía secreta soviética- siempre han sido considerados más confidenciales, sobre todo los de la Presidencia del Gobierno. Sólo un reducido número de historiadores rusos obtuvieron autorización para estudiar el lichny arkhiv Stalina (el archivo personal de Stalin), principalmente a principios de los años 90.

Uno de los proyectos más importantes de esa década reunió a un grupo de historiadores y de expertos políticos de países occidentales en los que la Internacional Comunista había tenido un papel activo, para recabar sistemáticamente los principales documentos de los archivos del Comintern. En este proyecto España estuvo representada por Antonio Elorza y Marta Bizcarrondo, quienes ofrecen un importante análisis de la política del Comintern y del PCE en su impresionante estudio Queridos camaradas. La Internacional Comunista y España. 1919-1939 (1999). Se trata del libro más original publicado en mucho tiempo sobre cualquier aspecto de la Guerra Civil.









Los documentos soviéticos también han sido utilizados para estudiar otros temas. El historiador británico Gerald Howson publicó en 1998 Arms for Spain: The Untold Story of the Spanish Civil War, que pronto apareció en español "Armas para España: La Historia no contada de la Guerra Civil española". Su libro ofrece una amplia descripción de los esfuerzos de la República para obtener armas en el exterior, y utiliza documentos soviéticos recientemente desclasificados para cuantificar el armamento soviético enviado a España, punto que ha sido siempre objeto de muchas conjeturas y polémicas. Si bien esta relación no puede considerarse definitiva, y los datos necesitan ser corroborados por otras investigaciones sistemáticas de los archivos soviéticos, representa sin embargo un gran paso adelante.

Posteriormente se han llevado a cabo otros estudios, entre los que figuran sendas tesis doctorales completadas el año pasado por dos jóvenes especialistas. En Wisconsin, Daniel Kowalsky ha terminado recientemente su tesis The Soviet Union and the Spanish Republic: Diplomatic, Cultural and Military Relations, 1936-1939, estudio de tres importantes aspectos -diplomáticos, culturales y militares- de las relaciones entre la República española y la Unión Soviética para el que se ha empleado una amplia selección de documentos soviéticos, mientras que en Alemania Frank Schauff ha completado por su parte una investigación sobre las relaciones entre el Comintern y España durante la Guerra Civil. Es probable que ambos estudios se publiquen dentro de poco tiempo.

Este verano ha aparecido en Estados Unidos uno de los proyectos más sorprendentes e importantes basados en los archivos soviéticos, Spain Betrayed (España traicionada), la edición de más de 500 páginas de documentos relacionados con la Guerra Civil española. El libro es una amplia muestra representativa de algunos de los más importantes fondos documentales soviéticos, especialmente de los archivos del Ejército Rojo y del Comintern, aunque también incluye documentos del Ministerio de Asuntos Exteriores. La documentación fue fotocopiada de los originales de los antiguos archivos soviéticos a mediados de los años 90 por la joven historiadora de Yale Mary Habeck, y el volumen publicado ha sido coeditado por otro historiador estadounidense, Ronald Radosh, y el renombrado experto y editor ruso Grigory Sivostianov. Juntos han presentado, anotado y contextualizado cuidadosamente las fuentes, proporcionando así por primera vez un amplio panorama documental de la participación soviética en España.

Esta documentación hasta ahora inédita confirma algunas interpretaciones clásicas de la intervención soviética, y también presenta datos que ofrecen una nueva perspectiva sobre una serie de problemas. Se ha dicho con frecuencia, por ejemplo, que el Gobierno de Giral sólo acudió a la Unión Soviética en busca de ayuda militar una vez que Francia anunció su política de no intervención, aunque uno de los primeros documentos presentados en este libro es la primera petición de ayuda que envió Giral a la Unión Soviética con fecha del 25 de julio de 1936, varios días antes del anuncio de la posición francesa.

La política de Stalin en España fue atrevida y cautelosa a la vez. La Unión Soviética había mantenido durante 15 años su propio partido político en España, el PCE, que para 1936, si bien no dejaba de ser una organización relativamente pequeña, había alcanzado por fin una importancia considerable. Aunque el espectro del comunismo atemorizaba a millones de españoles conservadores, en la primavera de 1936 la política soviética había convertido al PCE en el más moderado partido revolucionario de España, al menos en lo concerniente a sus tácticas inmediatas.

La política de los soviéticos y del Comintern buscaba evitar el estallido de una guerra civil, pues eran conscientes de que la situación existente, el monopolio político de la izquierda, les resultaba mucho más útil, y en segundo lugar entendían que una guerra civil en España complicaría inevitablemente la nueva política soviética de seguridad colectiva contra Alemania, cuyo objetivo era obtener el apoyo de Francia y de Gran Bretaña. Transcurrieron dos meses antes de que Stalin decidiera lanzar una gran intervención militar, decisión que no fue ratificada por el Politburó soviético hasta el 29 de septiembre. (El teniente coronel Yuri Rybalkin, historiador ruso especializado en cuestiones militares, ha señalado que el momento en que se tomó esta decisión coincidió con el primer envío de la mayor parte de las reservas de oro del Banco de España, que fueron trasladadas de Madrid a Cartagena, lo que parecía garantizar el pago de la ayuda militar exterior).

El volumen recién publicado contiene una excelente selección de informes de los numerosos asesores militares soviéticos que participaron en el adiestramiento y la dirección del nuevo Ejército Popular de la República. Esta organización, que adoptó como insignias la estrella roja y el saludo con el puño en alto (el rotfront inventado por el Partido Comunista alemán en 1927) y que contó con la participación de los omnipresentes comisarios políticos, pronto adquirió un aspecto soviético. Salvo algunas excepciones, los asesores soviéticos no dieron una buena calificación a los republicanos.







Sus informes a Moscú hablan largo y tendido de las divisiones políticas, la indisciplina y la falta de organización del Ejército Popular. También demuestran que en la época de Stalin los oficiales soviéticos intercambiaban la misma retórica que emitían al exterior como propaganda política. Los fracasos republicanos no se consideraban errores humanos, o producto de la inexperiencia, la falta de instrucción militar o la precipitación; en la mayoría de los casos se atribuían siniestramente a la obra de traidores, agentes fascistas y trotskistas.

El libro también ofrece una serie de informes reveladores sobre las Brigadas Internacionales. Los voluntarios extranjeros, comunistas en su mayoría, reclutados en distintos países por el Comintern, gozaron de enorme publicidad y se convirtieron en una de las leyendas más perdurables de la guerra, la del grupo de voluntarios idealistas de todas partes del mundo que lucharon por la democracia y en contra del fascismo. La realidad fue algo distinta. Como ha escrito el novelista estadounidense William Herrick, veterano de la Brigada Abraham Lincoln: «Sí, fuimos a España para combatir el fascismo, pero la democracia no era nuestro objetivo». Los brigadas fueron lanzadas a las más duras batallas, a menudo como fuerza de choque, y sufrieron un excepcional número de bajas.

Los documentos soviéticos revelan que muy pronto, en el verano de 1937, las unidades de voluntarios extranjeros comenzaron a sufrir graves problemas de indisciplina y de baja moral. El idealismo comunista no excluía las graves actitudes racistas de las brigadas hacia los españoles e incluso entre sus mismas filas, lo que daba lugar a intensas fricciones étnicas. Para esta época ya era necesario completar las brigadas con un gran número de reclutas españoles, hasta el punto de que la mayoría de las unidades sólo tenían de internacional el nombre. El desaparecido historiador ruso M. T. Meshcheryakov ya había llamado la atención sobre algunos de estos problemas en un artículo sobre las Brigadas Internacionales publicado en Rusia justo antes de la disolución de la Unión Soviética.
Otros documentos de Spain Betrayed arrojan luz sobre la idea soviética del «nuevo tipo de república democrática» o «república popular», términos con los que bautizaron a la República Española durante la guerra, así como sobre la postura soviética ante la revolución en la zona republicana.

La política comunista hacia otros partidos republicanos, particularmente hacia los anarquistas y el POUM -Partido Obrero de Unificación Marxista-, ya ha sido estudiada a partir de fuentes españolas, pero esta nueva documentación permite un mayor esclarecimiento de las intenciones y los cálculos comunistas, particularmente de los que precedieron los «sucesos de mayo de 1937 en Barcelona».







Casi todos los historiadores están de acuerdo en que la Unión Soviética alcanzó su mayor poder e influencia en España durante los tres gobiernos de Juan Negrín (1937-1939), aunque existe una gran polémica sobre el verdadero alcance de la alianza entre Negrín y los comunistas. Los documentos presentados en este volumen arrojan suficiente luz sobre la cuestión. Como era de esperar, ponen de manifiesto que los soviéticos estaban bastante satisfechos con la extrema receptividad y cooperación de Negrín. No obstante, la satisfacción no era total, ya que los asesores del Comintern y de la Unión Soviética se quejaban de que el primer ministro republicano no siempre promovía todas sus iniciativas. Lo criticaban también por ceder a menudo ante su propio partido, el socialista, y por no mostrar interés en tomar personalmente el control del partido ni en forzar su fusión con los comunistas, requisito de la estrategia de la «república popular».

Si bien las intenciones políticas de Negrín no eran de orientación soviética, lo cierto es que tampoco eran democráticas. Los informes soviéticos enviados a finales de 1938 analizan la propuesta de Negrín de crear una especie de frente o «partido único» en la zona republicana y su promesa de que, tras la victoria del bando republicano, no volvería al «parlamentarismo» ni al «libre juego de partidos» de la Segunda República, sino que implantaría un sistema de izquierda totalitario y nacionalizaría la industria.

La intervención soviética fue sorprendentemente rentable. Stalin se apropió de todo el oro español depositado en Moscú como pago por la ayuda soviética, cobrada a un precio excepcionalmente elevado, de modo que el Gobierno soviético obtuvo importantes beneficios en la operación. Poco más de 3.000 militares y efectivos soviéticos prestaron servicio en España, cifra que apenas supera la de los 2.800 ciudadanos estadounidenses que se presentaron como voluntarios en las dos brigadas internacionales norteamericanas. Sólo unos 200 soviéticos murieron en la guerra, mientras que los norteamericanos, que participaron en las más duras batallas, sufrieron un número de bajas al menos tres veces mayor.

No obstante, la política soviética fracasó tanto en el plano nacional español como en el ámbito internacional. Stalin tenía miedo de enviar suficiente ayuda militar para permitir el triunfo del bando republicano, por tanto la incipiente República Popular apenas pudo desarrollarse antes de su defunción. Además, el espectáculo de una intervención armada soviética en Europa Occidental para ayudar a la revolución española habría minado la política de seguridad colectiva de Stalin con respecto a Gran Bretaña y Francia. El dictador que más provecho sacó de la guerra en España no fue Stalin sino Hitler, ya que el objetivo del líder nazi no era tanto contribuir a una rápida victoria de Franco, sino prolongar lo más posible el conflicto español para desviar la atención del desarme y la expansión de Alemania en Europa Central, disuadir a los países democráticos, crear divisiones internas en Francia e involucrar a Mussolini en los planes alemanes.








En todos estos aspectos Hitler obtuvo un gran éxito. Más tarde, menos de cinco meses después del final de la guerra española, Hitler y Stalin se pondrían de acuerdo para lanzar el bombazo diplomático del siglo, lo que puso fin a la política «antifascista» soviética.



Los editores de Spain Betrayed han reunido una sorprendente selección de fuentes originales que permitirán el esclarecimiento de la política soviética durante la Guerra Civil, lo que supone un gran avance en la siempre creciente bibliografía del conflicto. Este tesoro de documentos también se pondrá a disposición del lector español el próximo año, cuando la editorial Planeta publique la edición española del libro. El volumen parece destinado a una larga vida como una de las pocas publicaciones indispensables sobre la guerra española, el conflicto civil que se convirtió en uno de las grandes acontecimientos internacionales del sigo pasado".









Stanley G. Payne.