2 nov. 2011

El mundo líquido

La interrupción, la incoherencia, la sorpresa son las condiciones habituales de nuestra vida. Se han convertido incluso en necesidades reales para muchas personas, cuyas mentes sólo se alimentan […] de cambios súbitos y de estímulos permanentemente renovados […] Ya no toleramos nada que dure. Ya no sabemos cómo hacer para lograr que el aburrimiento dé fruto. Entonces, todo el tema se reduce a esta pregunta: ¿la mente humana puede dominar lo que la mente humana ha creado?






Paul Valéry.




















La caracterización de la modernidad como un tiempo líquido; la expresión, acuñada por Zygmunt Bauman, da cuenta del tránsito de una modernidad sólida, estable, repetitiva, a una líquida, flexible, voluble, en la que los modelos y estructuras sociales ya no perduran lo suficiente como para enraizarse y gobernar las costumbres de los ciudadanos y en el que, sin darnos cuenta, hemos ido sufriendo transformaciones y pérdidas como el de la duración del mundo, vivimos bajo el imperio de la caducidad y la seducción en el que el verdadero Estado es el dinero. Donde se renuncia a la memoria como condición de un tiempo post histórico. La modernidad líquida esta dominada por una inestabilidad asociada a la desaparición de los referentes a los que anclar nuestras certezas.




















Una de esas características es el individualismo que marca nuestras relaciones y las torna precarias, transitorias y volátiles. La fragilidad de los vínculos humanos que ya no son duraderos los torna enormemente interesados de manera que el individuo se debate en la incertidumbre y el mercado penetra incluso en las relaciones afectivas.







Bauman nos habla de la superficialidad que supone considerar a las personas no integradas en la esfera normal como si fuesen auténticos deshechos humanos, no nos sentimos vinculados con los excluidos.







Para Bauman la identidad en esta sociedad de consumo se recicla. Es ondulante, espumosa, resbaladiza, acuosa, tanto como su monótona metáfora preferida: la liquidez. No sería mejor hablar de una metáfora de lo gaseoso.







Otra de las características del mundo líquido es la desterritorialización, nos negamos a ubicarnos en un entorno como en la sociedad industrial o en la campesina.







Nos hemos convertidos en ciudadanos adictos a la seguridad pero siempre inseguros de ella, lo aceptamos como si fuera lógico, o al menos inevitable, hasta tal punto que, en opinión de Zygmunt Bauman, contribuimos a normalizar el estado de emergencia.


















Sociólogos especializados en movimientos migratorios y demógrafos prevén que el número de musulmanes que vive en Europa puede duplicarse nuevamente para el año 2015. La Oficina de Análisis Europeos del Departamento de Estado de Estados Unidos calcula que el 20% de Europa será musulmana en el año 2050, mientras otros predicen que un cuarto de la población de Francia podría ser musulmana en el año 2025 y que si la tendencia continúa, los musulmanes superarán en número a los no musulmanes en toda Europa occidental a mediados de este siglo, puestas así las cosas, Europa será islámica a finales de este siglo.


















Con el pretexto de la seguridad, los voceros de la nueva militancia dan rienda suelta a tendencias autoritarias cuyo origen hay que buscar en otro sitio; la angustia colectiva, cuidadosamente mantenida, hace que la gran mayoría de los mimados consumidores de seguridad de Occidente se sume a la comedia de lo inevitable.

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