2 feb. 2011

La muerte
























Hace unos días tuve conocimiento de la muerte, y de los pormenores de ésta, de la mujer de un amigo. Desde hacía años cuando le diagnosticaron un tumor cerebral, había tenido noticia de su lucha contra la fatalidad. Aún me acuerdo de su juventud, ha muerto con 38 años, de sus ganas de vivir y del insidioso mal que le atenazaba.









Cuando ocurre algo de estas características, inmediatamente pensamos en nosotros mismos, en nuestra finitud y en la terrible maldición del ser humano condenado a la enfermedad, el envejecimiento y la muerte.










Sin embargo, en este caso particular, de lo que quiero hablar es de los fantasmas del cerebro que se materializan en los enfermos de esquizofrenia y en algunos tumores cerebrales; ¡cómo vivir sin saber si lo que estamos viendo es real o si lo real es efectivamente real!




















Recuerdo un cuento de Poe en el que un moribundo era hipnotizado, de manera que, con un metabolismo muy bajo, era mantenido en vida hasta que al despertarlo se convertía en polvo; o los mitos de Cthulhu en Loveckraft donde los peores monstruos se materializan; o las puertas de la percepción de Blake, en definitiva el horror de Conrad.










Quizá tenga razón Erwin Schrödinger y en los momentos finales se distorsione el tiempo y el espacio, y creamos poder durar.













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