2 feb. 2011

¿Depresión o crisis?

La actual crisis se ha generado por las inadecuadas políticas, de tipos de interés artificialmente bajos, en la Reserva Federal americana y en el resto de los bancos centrales; esto unido a la concesión de créditos siguiendo criterios no económicos y a la reducción de riesgos de los bancos extendiendo la deuda, por medio de bonos basura, en todo el mundo.






En España, el crédito barato y las necesidades de financiación de los ayuntamientos, los partidos políticos y las comunidades autónomas que se cubrían especulando con el suelo público, han generado una burbuja que ha estallado con la crisis.






La depresión se ha caracterizado por un parón total de la actividad económica arrastrada por la construcción, un intenso desembolso, con endeudamiento, de dinero público para intentar sanear las cuentas de los bancos, que tienen balances falseados en los valores de activo, y un intento más bien estúpido de relanzar la actividad económica con gasto en obras públicas.






Como las empresas tienen problemas de financiación, no hay relanzamiento, como las administraciones deben cubrir sus pagos suben los impuestos y generan deuda de manera que sube la inflación, ayudada por el precio del petróleo, y hay estancamiento. En este contexto, el dinero pierde valor como lo interpretan los mercados financieros y sí, hay valores refugio pero si las necesidades básicas empiezan a escasear, ¿qué importa tener oro o diamantes? Como en el mito de Midas, no es posible comer oro. La descerebrada política de medio ambiente y la generación de biocombustibles incrementa aún más el precio de los alimentos y la crisis se convierte en una bomba social.
















En la historia, los periodos económicos estables lo son en todos los terrenos, cuando hay crecimiento se producen cambios atemperados pero también se mantienen estructuras obsoletas para evitar problemas sociales e incluso las diferentes fuerzas políticas llegan a acuerdos de autoayuda, si hay crisis el cambio es brutal y sus efectos sociales son rápidos e intensos.















La guerra entre los actores políticos se torna inevitable, éste es el momento que estamos viviendo.

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