2 feb. 2011

Historia del felipismo

En realidad, tras la guerra civil el PSOE había desaparecido como partido de masas y sólo quedaban una serie de notables mal avenidos y sus respectivas capillas.













Las vicisitudes del exilio, el tardofranquismo y el nuevo panorama internacional que se ofrecía influyeron en dividir profundamente a la organización partiéndola en dos: la del interior y la del exterior. La necesidad que tenían norteamericanos y alemanes de frenar a un partido comunista que, se creía, monopolizaba a la oposición contribuyó a fortalecer a la organización surgida de Suresnes comandada por Felipe González.













Una vez establecido como principal partido de la oposición, dado el fracaso del PCE en las elecciones de 1977, fracaso achacable también a la turbia historia del comunismo en España y fuera de ella, el PSOE se dedicó a desembarcar en los poderes fácticos, estableciendo una fluida comunicación con ellos.







Una vez en el poder, la reconocida capacidad para ganar elecciones en los diversos teatros de operaciones, el mantenimiento de una disciplina leninista en una organización que estaba fagocitando a partidos de todo tipo en la sopa de letras, pero que debía hacer una política posibilista, y la necesidad de desarrollar el Estado de las autonomías sirvieron para que los cambios se pudieran realizar sin sobresaltos gracias a la figura, un tanto carismática, de Felipe González.













Como logros, haber embarcado al PP(AP) en una serie de acuerdos, entre los que destacan los autonómicos, y llegar en triunfo a la puesta de largo de la democracia española moderna en 1992; como fracaso que la indudable mejora y modernización de la economía española no pudiese absorber la bolsa del paro estructural.












La etapa del felipismo después del 92 es la decadencia y otra fase distinta de la historia de nuestra actual democracia.

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