6 ago. 2011

La crisis de la deuda

Los mercados de deuda se nutren de las inversiones de millones de personas, pero esto no quiere decir que sean mercados perfectos y transparentes, al contrario, esos millones apuestan siempre en unas miles de instituciones financieras, donde delegan sus decisiones.



















Aun así, tampoco estas miles de instituciones tienen acceso directo a ese mercado, sino que esto se hace a través de unos cientos de operadores. Sin embargo, entre estos operadores destacan unos cuantos por su potencia inversora y su liderazgo; gente como Warren Buffet, George Soros o Ross Perot marcan la pauta, y lo hacen porque son dueños o controlan a las agencias de
rating (agencias de calificación de riesgos).



























Entidades como Fitch, Moody's, Standard & Poors o Goldman Sachs, casi todas ellas propiedad de estos grandes inversores, son las que aconsejan sobre la calidad de la deuda y marcan el precio.









No quiere decir eso que estas entidades midan a los países como si se tratase de auditorías; todo el mundo sabe que, excepto unos pocos (Las Islas Caimán, Lichtenstein, Emiratos Árabes o Qatar), todos los demás países estarían quebrados siguiendo criterios contables empresariales (Alemania y USA también), pero son estados que tienen continuidad, recursos.








No, de lo que se trata es de estudiar el nivel de c
onfianza; ya vimos los errores de las agencias respecto a Lheman Brothers y las hipotecas subprime.



















Los analistas no tienen confianza en la capacidad española o Italiana de realizar las reformas necesarias para crecer, crear empleo y pagar la deuda
. Esto es lo que pasa: que Zapatero y Berlusconi no generan confianza y deben irse cuanto antes; les están dando patadas en nuestro culo.








La broma macabra de convocar elecciones para el 20 N no ha gustado a los mercados. A mi modo de ver, sería necesario establecer medidas de ahorro en todas las administraciones públicas, participaciones obligatorias de los trabajadores y funcionarios con garantía de recuperación del poder adquisitivo a 10 años, crear un nuevo contrato laboral para los nuevos trabajadores jóvenes, primando a las empresas que contraten parados de larga duración, mucho más flexible y facilitar el crédito a las pymes.











Entramos en una fase decisiva para el desenlace de la crisis en Occidente y particularmente en España; ya veremos qué pasará.

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