5 dic 2011

Pamplona

He leído, últimamente, el libro de Miguel Sánchez Ostiz "La Nave de Baco"; los libros de este escritor, independientemente de su adscripción política, siempre giran alrededor de la ciudad de Pamplona que es, para bien o para mal, mi lugar de nacimiento. De Sánchez Ostiz había leído antes un libro de juventud "El Pasaje de la Luna" y una biografía de Pío Baroja que me gustó.





















En el libro se narra una delirante y disparatada historia sobre un posible hijo del pintor Gustavo de Maeztu, en la época de la Guerra Civil o en la inmediatamente posterior, con la investigación de su posible realidad; y esto hecho por encargo del hijo, que hasta ese momento lo había ignorado, pero parece que se ha enterado gracias a una revelación y quiere aclarar el asunto.


















Pamplona es una de las ciudades, como Zaragoza o Toledo, que fundaron los romanos en España. En el lugar donde nació no había nada, por carecer los naturales del país de conocimientos para trasladar agua al lugar; de haber existido una aldea vascona en la comarca, esta se hubiera situado junto al río Arga, en donde actualmente se encuentra el barrio de la Chantrea.

















La ciudad fue creciendo desde campamento romano a ciudad romana y luego a ciudad goda, sede episcopal, fortaleza islámica hasta llegar a la Edad Media. En la reconquista, los cristianos del norte de Navarra iniciaron su asedio para convertirla en capital del reino de Pamplona primero y luego de Navarra.


















Entre los acontecimientos destacados aparecen, en el siglo XIV, las llamadas guerras de los burgos que enfrentaron a unos barrios contra otros, los barrios de origen navarro con los de origen franco; los francos se habían trasladado al norte de España a realizar tareas y servicios en el camino de Santiago.


















En época de Felipe II, se construyó la ciudadela de una Pamplona fundamental en la estrategia de España frente a Francia, esta fortaleza es muy parecida a la de Jaca construida por la misma razón.



















En la etapa, mucho más próxima, de las guerras carlistas, Pamplona tenía unos 40.000 habitantes, bastantes más que San Sebastián o Bilbao. Luego, perdió el tren de la industrialización para recuperarlo más tarde y, ahora, es una ciudad que aglutina un núcleo con poblaciones periféricas de unos 200.000 habitantes.


















Sánchez Ostiz sueña con una Pamplona que evidentemente sólo está en su imaginación; en su novela aparece el barrio de Biargieta, un barrio mítico de prostitutas negras que hablan vascuence, de fumaderos de opio y cafés cantante, un mundo de nacionalistas vascos tolerantes, de cuadrillas de trabucaires españolistas y de escuadras de falangistas, que extrañamente se prolonga hasta ahora.



















Profesa, Sánchez, un "odio" visceral a la antigua alcaldesa de Pamplona Yolanda Barcina y de paso a todo lo que ella haga y a quien se le ocurra homenajear.







"Ese de Biargieta es mi barrio favorito. Ando buscando en él una casa a donde mudarme para lo que me quede vida. Me he acordado de él estos días que he visitado a Antton Basurde, un viejo amigo de la infancia, viajero varado y comerciante de viejorrerías en la calle de San Prudencio o de los Peregrinos. Y es que ese pequeño barrio tiene abiertos hasta muy tarde en la noche, en las del otoño-invierno sobre todo, algunos comercios cuyas vitrinas la iluminan a trechos".










Tiene Sánchez la manía literaria de recrear un barrio de Pamplona inexistente en el que aparece la historia como debió ser y no como fue; tiene la idea de que hay un hilo de Ariadna que une a todos los navarros perdedores de las diversas guerras civiles; se identifica, más o menos, con un tío suyo separatista navarro y olvida su familia carlista y a los mismos carlistas tan responsables de la represión en la época de la Guerra.
























En su blog (http://vivirdebuenagana.blogspot.com/), coloca en analogía una foto de Camps junto con el "Bigotes" y la compara con otra foto en la que aparecen Franco y Millán Astray con la idea de crear un vínculo entre la derecha actual y el peor franquismo.










La verdad es que no sé que le paso en ABC para haber desarrollado estas fobias y estos hábitos. Quizá tenga que ver con su trabajo en el Diario de Noticias.

Garzón y el franquismo

Lo que se autodenomina izquierda continúa utilizando el franquismo como arma de confrontación política; Garzón, el juez acusado de prevaricación que va a ser juzgado por no haber respetado el privilegio abogado cliente en el caso Gürtel y por no haber respetado la competencia de los tribunales superiores de justicia de las CCAA en el caso de las desapariciones del franquismo, entra en escena y acusa a la sociedad española de ser "franquista".



















Garzón: "El franquismo en España todavía está vivo"
. El magistrado ve "complicado" que otro juez investigue los crímenes de la dictadura franquista y defiende que hizo "lo que tenía que hacer".


















El franquismo es el pensamiento político particular de Franco, cuya expresión más pedestre es la famosa máxima:
"haga como yo, no se meta en política"; es decir, simplicidad, ideas comunes a cualquier hombre conservador de su tiempo. Sus maneras de hacer política estaban organizadas por un amplio aparato político y tecnocrático, que actuaba bajo criterios políticos o económicos muchas veces al margen de Franco que reconocía su ignorancia.



















El aparato institucional del franquismo, sus leyes fundamentales, están derogadas por la Ley de Reforma Política de 1976; y ésta misma y las otras, por si acaso, lo están en la disposición derogatoria de la CE de 1978. La acción política de Franco era excepcional a su propio régimen, de manera que sólo cuando murió entraron en vigor las disposiciones de su régimen en toda su extensión. En cuanto a las masas de admiradores suyos, los que combatieron en su ejército, o están muertos o completamente fuera de órbita.




















El franquismo es pues una parte de la historia de España que es conveniente estudiar y asumir, como todas las que han dado lugar a nuestra realidad actual.

4 dic 2011

Quinto Sertorio

"La Historia la escriben los vencedores”. Esta frase anónima cobra una especial relevancia cuando nos aproximamos a la figura de Sertorio, el general romano que hizo de Osca, actual Huesca, la capital de su imperio. Vilipendiado por sus contemporáneos, habrá que esperar casi treinta años para encontrar una referencia favorable a su persona, y a que posteriormente sea ensalzado como héroe nacional por la literatura hispana.






















Descubriremos que fue un personaje carismático que supo aprovechar las circunstancias y, gracias a sus más que notables dotes militares y de mando, logró llevar a cabo una empresa de enorme envergadura en pos de un ideal romántico, en una época en que la República se desmoronaba bajo su propio peso, creando el germen del futuro Imperio Romano.










Quinto Sertorio, Quintus Sertorius en latín, nació en el seno de una familia humilde de Nursia, en el país de los sabinos, una región tectónica en el corazón de los Apeninos. Su parentesco con el famoso Cayo Mario, junto con sus destacadas dotes de orador y soldado, le sirvieron para labrarse una próspera carrera militar.



















Destacó, desde bien temprano, sirviendo en la guerra contra Cimbrios y Teutones. Allí se infiltró entre las líneas enemigas como espía para recabar información, lo que le sirvió para ganar reconocimiento y el ascenso a tribuno bajo el mando del pretor Didio en Hispania.









Un nuevo capítulo en su etapa hispana le hizo ganar fama tanto en la provincia romana como en la urbe. En pleno invierno, las tropas romanas acampadas en Cástulo, ciudad celtíbera capital de Oretania, localizada muy cerca de la actual Linares, cometieron numerosos atropellos, llevando a los habitantes de la ciudad, con auxilio de sus vecinos de Oresia, Oretum, a sublevarse contra los opresores.




















En desbandada y con sus fuerzas mermadas numéricamente, Sertorio consiguió reunir efectivos suficientes para someter ambas ciudades por sorpresa, mientras todavía celebraban su victoria. La hazaña le reportó el ascenso a cuestor y la corona gramínea, la máxima y más rara condecoración militar otorgada durante la República y principios del Imperio. Reservada únicamente a los generales o comandantes capaces de salvar un ejército entero, la corona se elaboraba con flores, hierbas y cereales, recogidos y trenzados en el mismo campo de batalla.










En la Guerra Social o Mársica (91-88 a.C.) siendo ya legado, quedó tuerto y, cuando se declaró la guerra civil de Mario y Cinna contra Sila, mandó uno de los ejércitos, del bando de su tío, que tomó Roma. Mucho más moderado y disciplinado, su ejército quedó al margen de las matanzas contra los partidarios de Sila y regresó a Hispania como procónsul.


















Una vez que Sila recuperó el control de la República para el bando de los optimates, aquellos que habían ayudado a los populares se convirtieron en renegados, entre ellos Sertorio, que desde Hispania dirigió la lucha contra la dictadura de Sila, en las llamadas Guerras Sertorianas (83-72a.C.).









Aquí será donde se fragüe la leyenda de Sertorio, quien supo ganarse a los hispanos con rebajas de tributos, un trato afable, y librándolos del hospedaje obligatorio de tropas que tantos quebraderos de cabeza traía a los provinciales, creando un eje central de su presencia en Hispania con Llerda, Osca y Calagurris. En la capital oscense intentó recrear su ideal republicano a través de la creación de un Senado de trescientos miembros e, incluso, proporcionó una Academia donde los hijos de los nobles indígenas aprendían las costumbres y las formas de vida romana, llegando a vestir la púrpura.



















Independientemente de la legitimidad de las reivindicaciones sertorianas, lo cierto es que todos los autores coinciden en la personalidad y carisma del general romano, así como en sus más que demostradas dotes de mando, como demuestran los escritos de César (50 a.C.) De bello Gallico y De bello Civile.




















En sus páginas, César habla de compañeros de Sertorio que se unen a él, dando muestra de la juventud de los seguidores de Sertorio, que en época de César todavía estaban en edad de combatir y de los que dice eran: “muy expertos en el arte militar, haciendo la guerra a la romana”. Aunque no se han conservado testimonios escritos de primera mano procedentes de personajes históricos que vivieron el conflicto en persona, se sabe que fueron utilizados por autores posteriores, en su mayor parte con una tendencia favorable a los vencedores de la contienda, ya que no se encuentran textos prosertorianos hasta las historias de Salustio (44-35 a.C).









Salustio, profusamente popular, su oposición a los optimates de su tiempo le llevaron a ensalzar a César y Sertorio, a quien veía como precursor del primero, en un intento por rehabilitar la figura del sabino, ya que unos años antes Diodoro Sículo, en su biblioteca histórica, había iniciado la tradición antisertoriana, incidiendo en el comportamiento vil, fraudulento y tiránico del personaje, revelando como solución lógica a la trama el complot para asesinar a Sertorio.





















Una tradición cuyo mayor exponente será Tito Livio para quien, en su Ab urbe condita (29-17 a.C), el protagonista indiscutible del conflicto será Cneo Pompeyo que representa al Senado, y por consiguiente a Roma. Para Livio, todo el que quedaba fuera del Senado o se opone a él es un enemigo del pueblo romano. Una de las claves de esta bipolaridad, según D. Gillis, será el criterio a seguir a la hora de considerar legal o no el gobierno de Sila: optimates frente a populares.

La industrialización en España

Como he comentado muchas veces en este blog, la industrialización es consecuencia de la deriva filosófica, religiosa e ideológica de la Civilización Occidental. En el momento en que nace, ésta es Europa solamente, pues América apenas comienza a ser tierra de colonos.





















La industrialización es hija del comercio que en Europa se desarrollaba en el Mediterráneo y en el norte (Liga Hanseática). Los cambios acelerados de la crisis de los siglos XIV y XV dieron lugar a ideas como las de Guillermo de Ockham que comienzan a poner las bases de los cambios a los que se verá sometida Europa con la reforma protestante.

















Como ha aseverado el historiador británico Hugh Trevor-Roper, son las minorías religiosas: católicos, protestantes o judíos, según las zonas, las que por razones de necesidad y no de deseo estimulan el comercio, la industria y los negocios.









Cuando las circunstancias económicas van bien, los cambios se producen con intensidad pequeña y solo cuando se juzga imperiosa o muy interesante su necesidad, manteniéndose las estructuras antiguas pues, de todos es sabido, que cambiar es costoso; si el crecimiento es próximo a cero no se cambia nada y se mantienen las estructuras; si hay crisis, es entonces cuando se producen los cambios acelerados pues el mantenimiento de las estructuras antiguas tiene un coste que no se puede asumir y la necesidad aprieta a los cambios.









Como nos demostró Pierre Bourdieu, todo esto cambió la faz primero de nuestra cultura occidental y luego del mundo entero empujado por Occidente; aunque supuso en Europa, y en el resto del mundo, la destrucción de la sociedad tradicional.


















En España, cuando se pusieron las condiciones para el cambio, dos regiones destacaron, por distintas razones, en la aparición de una industria más o menos fuerte. Una de estas regiones es el País Vasco donde la pobreza de la tierra y el mayorazgo determinaron la búsqueda de soluciones cuando la salida hacia el ejército y la Iglesia ya no era suficiente para los segundones.


















La aparición del crédito con interés, la suspensión de la nobleza para practicar oficios innobles y la llegada de los normandos a Bayona, con el consiguiente auge de la navegación para la pesca y el transporte, pusieron las bases para el posterior crecimiento del alto horno vasco, facilitado por las minas de hierro y carbón del norte peninsular.
















En Cataluña, región cuya costa se había dedicado al comercio mediterráneo en la baja Edad Media, el hundimiento de las rutas comerciales produjo una fuerte retracción de los negocios, pero la liquidación de las restricciones forales con los decretos de Nueva Planta ayudó a superar los efectos del mayorazgo con difíciles salidas. Se abrió a los segundones un campo estimulante a la acción empresarial; así mismo, los catalanes pudieron trabajar, a partir de ahí, en las colonias americanas y a eso hay que añadir el crédito con interés.

















Madrid, ciudad que se constituye en capital de España bajo el reinado de Felipe II que huye de la presencia opresiva del alto clero y del ejército en Toledo, es el resultado de la búsqueda de un poblachón manchego, en altura, con abundancia de agua y buen viento de la sierra, provisto de agricultura, ganadería y buena feria. El rey Felipe situará su administración en las proximidades y creará nuevos barrios dedicados al transporte y al comercio.






























Madrid crecerá con la Administración y con todos aquellos que necesiten tratar sus negocios con ésta, ya sean vascos o catalanes, lo que a su vez potenciará la artesanía primero y más adelante la industria.

2 dic 2011

Caparralde

En 2011, un grupo de esforzados historiógrafos navarros ha presentado una demanda en la ONU contra el Estado español por la invasión de Navarra en 1512. Desconozco la respuesta de la oficina, suponiendo que haya habido respuesta pues me han dicho que estaba dirigida por los gadafistas y no creo que ahora tengan tiempo para esa cuestión.


















Como estoy seguro de que la ONU no ha actuado como debería, es decir indicando a los denunciantes que por irretroactividad la ONU no puede intervenir en cuestiones anteriores a su existencia o que el tema ha prescrito, 500 años después, seguro que los abogados de la legación española han tenido que enviar documentación a propósito de bulas papales, beamonteses, derechos, etc.




















Quizá la velocidad del trámite es lenta debido a que la ONU está investigando las violaciones llevadas a cabo en las incursiones de los vikingos en la primera Edad Media, ya que tal asunto tendría sin duda prioridad por afectar a la violencia de género. Desde luego, habrá que pedir responsabilidad extra contractual a los constructores de cañones en la ferrerías guipuzcoanas sobre los abusos cometidos por los servidores de los citados cañones.































Dicen que Euzkadi se divide en Iparralde (el norte) y Hegoalde (el sur), pero creo que debe existir una tercera región con gentes como estos historiadores, región por cierto muy poblada; su nombre: Caparralde.

La corrección política

Estamos asistiendo a la extensión exacerbada de los términos eufemísticos, políticamente correctos. En el pasado, también era corriente utilizar términos indirectos para señalar cosas desagradables, pero fue Gramsci quien teorizó sobre el control del lenguaje y la cultura para hacer la revolución; hoy en día se utilizan para fabricar la gilipollez.






















Periódicamente voy a exponer algunos de ellos, sobre todo los que están de moda hoy en día, pero sin perder de vista los del pasado reciente como la discriminación positiva en la época del Presidente Johnson en los USA.
























Si os fijáis en los bares, restaurantes, chiringuitos y pubs cuando tú pides lo que quieres tomar los camareros, perdón "los empleados de hostelería", lo llaman la comanda. ¿Qué querrá decir eso? Pues muy sencillo, la palabra orden que es lo que hay que decir en román paladino suena demasiado "facha", ¿no? Es muy militarista, de la época en la que el ejército no era una ONG pacifista. No, lo llamaremos comanda como en francés commande o en inglés command que, no se lo digáis a nadie, quiere decir orden.
























Otra palabra bendecida es la de emprendedor. Ésta sustituye a la palabra empresario; como todos sabemos un empresario es un individuo más bien mal encarado, de mediana edad y un poco fondón, siempre con un puro en la boca, que con su dinero o con créditos monta una empresa con ánimo de ganar dinero, que disfruta explotando a la gente y de vez en cuando echándola del trabajo y enviándola al paro.








Sin embargo, un emprendedor es alguien que ha tenido una idea ("bombilla") que le va a permitir, financiándose fundamentalmente con subvenciones administrativas, crear al menos un puesto de trabajo, el suyo, y a ser posible más, y que lo hace porque le gusta ver felices a los demás.










En la época de la transición, los que se autodenominaban izquierdistas no podían, debido a algún defecto intrínseco, utilizar la palabra que representa a nuestro país, es decir España, sino que utilizaban la palabra Estado español de manera que si hablaban de la selección de balonmano del Estado español parecía que hablaban de un combinado de funcionarios.






















Cuando Felipe González decidió desdecirse del "OTAN de entrada no" rápidamente todos empezaron a hablar de "Alianza Atlántica" o "NATO" como si no fuese lo mismo.







Hoy día, se habla de política de "género" para sustituir la palabra "sexual" que suena muy fuerte, de manera que parece una conversación entre gramáticos.







Más adelante continuaré, en otras entradas, hablando de este curioso fenómeno digno de la estupidez de los tiempos actuales.









¡Cómo los odio!

Las virtudes del campesinado

A finales de los años cuarenta, el economista alemán Wilhelm Röpke escribió un libro, "La Crisis Social de Nuestro Tiempo", en relación con la economía que él veía factible para defender a Europa del comunismo y de cualquier tentación de nacionalismo económico o nazismo, como la que le había obligado a emigrar durante la guerra.





















El trabajo de Röpke gira en torno a la necesidad de construir una economía de la sociedad y el hombre, y no de las teorías académicas. Me viene a la memoria esta obra cuando recuerdo el mito del rey Midas, aplicado a la madre de todas las crisis, no tiene por que ser ésta.





















Cuentan los griegos que en Frigia existió un monarca al que el mundo recuerda por ser el inventor del dinero; imaginemos lo que supuso ese invento a la hora de facilitar los intercambios y multiplicar la economía de los países; pero a Midas la ambición le podía y oró al dios Baco para que le concediera el poder de convertir en oro todo lo que tocase, y el dios le dio una lección. A partir de este momento, comenzó a convertir en oro los alimentos y el agua y hasta sus propios cabellos al mesárselos; por fin, el dios se apiadó de él y lo salvó de morir.





















Si una crisis se agrava no importa que tengas oro, aunque te sirva como valor refugio para después de la crisis, ya que no te salvará de morir hambriento. Röpke apostaba por compatibilizar, en el obrero, su trabajo con el mantenimiento de una pequeña granja de autoconsumo lo que produciría, según él, una desproletarización de la clase obrera.





















Desde luego, a nuestro hombre no le interesaba promocionar esa agricultura proteccionista que se reduce a cobrar subvenciones y a la que comparaba con un parque nacional; él quería un complemento económico y un espacio de libertad para el trabajador.

Agricultura vs bosque

Cuentan que mucho tiempo antes de la llegada de los fenicios, griegos y romanos a España, había en el solar ibérico pueblos cazadores recolectores y pueblos agrícola ganaderos.












































De ese enfrentamiento secular derivaría la oposición del Saltus Vasconum y el Ager Vasconum en Navarra; aunque en esa época reseñada, de la que nos hablan los romanos, ya todo el mundo se dedica a la agricultura y a la ganadería o a las actividades de lucha frente a la naturaleza para ganar sitio al bosque.


















Los cambios que comenzaron en el Neolítico, pero que aún hoy continúan, transforman a la humanidad desde unos pueblos que viven en la naturaleza a pueblos que la explotan. Hay que ver que incluso el nombre de Pirineos, cordillera en la que se ubica el Saltus Vasconum, alude a un incendio provocado por los pastores para ganar sitio al bosque; lo que demuestra la secular antipatía que el agricultor, agente de la civilización, siente hacia el bosque primigenio y la naturaleza salvaje.



















Es en el mundo de las leyendas y de los mitos donde se refleja en toda su crudeza esta lucha, pues la Historia y la Sociología son demasiado frías para sentir lo que verdaderamente supuso esta revolución.

Los científicos y el SIDA

La ciencia, como explicamos aquí, es un método que, a tientas, busca una verdad temporal, según los datos; eso conlleva fuertes disensiones entre grupos de científicos que explican las cosas de diferente manera, a esto lo llamamos paradigmas. En el peor de los casos, y dada la cantidad de dinero que mueve ahora la ciencia y la tecnología, el fraude puede producirse y sin duda se produce. Quizá el ejemplo más célebre de fraude científico fue "el hombre de Piltdown".




















La mayoría de estos caballeros de la foto
sostuvo la teoría de que unos fragmentos de un supuesto cráneo humano y de una mandíbula de aspecto simiesco encontrados en Piltdown (un pueblo al sur de Inglaterra) y que, unidos, parecían pertenecer a una especie desconocida, constituían la prueba del "eslabón perdido" entre el hombre y el mono.











Lo peor de todo es que este decisivo hito en la paleoantropología se creyó verdadero durante cuarenta y cinco años hasta que por fin, un dentista, A.T. Marston, determinó a través de distintas pruebas que algunos de los dientes de ese esqueleto correspondían a un orangután, el diente suelto a un mono y el cráneo a un ser humano de la época medieval. Alguien se había preocupado de limar los dientes para darles apariencia humana, y avejentarlos en una solución de hierro y ácido crómico. Problemas de este tipo con intento de apropiación de descubrimientos y fraude se ciernen sobre la Historia del SIDA.
















El virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) causa el SIDA. Este virus ataca al sistema inmunitario y deja al organismo vulnerable a una gran variedad de infecciones y cánceres potencialmente mortales.






Las bacterias comunes, los hongos levaduriformes, los parásitos y los virus, que generalmente no provocan enfermedades serias en personas con un sistema inmunitario sano, pueden provocar enfermedades mortales en las personas con SIDA.






Se ha encontrado el VIH en saliva, lágrimas, tejido del sistema nervioso, líquido cefalorraquídeo, sangre, semen (incluido el líquido preseminal, que es el líquido que sale antes de la eyaculación), flujo vaginal y leche materna. Sin embargo, se ha demostrado que sólo la sangre, el semen, los flujos vaginales y la leche materna transmiten la infección a otras personas.












Hablaremos ahora de los llamados grupos de riesgo. Los primeros orígenes del conocimiento de la existencia de esta enfermedad se remontan a los años sesenta y setenta en los que aparecieron casos de inmunodeficiencia en personas anteriormente sanas; esto derivó en una linea de investigación que llevó a relacionar la enfermedad con un virus: el VIH.






El VIH se detectó en gran cantidad de personas en África, lo que llevó a pensar que los africanos eran inmunes, pero luego se vio que un número importante de muertes, achacadas a otras causas, se producían en presencia del virus. Los epidemiólogos pudieron determinar cuándo se produjeron los primeros contactos del hombre con la enfermedad, relacionándolos con el incremento rápido de los casos de enfermedades asociadas al SIDA (por ejemplo Sarcoma de Kaposi) en las estadísticas de poblaciones con gran proporción de infectados.







Con posterioridad, se aislaron dos virus en dos especies de monos, en África, el chimpancé y el mono verde africano, que se cree fueron los precursores del VIH; el cual se constituyó al saltar al hombre (la enfermedad sería una zoonosis) por mutación, desarrollándose marginalmente en poblaciones africanas aisladas.
















El primer contagió se produjo en África en los años cuarenta del siglo pasado, los primeros casos se produjeron en los años cincuenta, y en los sesenta sabemos, gracias a muestras de tejidos de muertos por enfermedades inexplicables, que se produjeron los primeras casos en Occidente.






Como la enfermedad se transmite por contacto entre mucosas (por la sangre), drogadictos, hemofílicos y homosexuales (el contacto homosexual es más traumático) fueron, en los primeros momentos, años setenta y ochenta del siglo XX, los grupos de riesgo, pero hoy día la enfermedad se ha extendido. Hay que distinguir también la diferencia entre riesgo estadístico (probabilidad de contraer la enfermedad en un contacto) y contagio real que se produce en un momento y no tiene que ver con la probabilidad.






El SIDA comienza con una infección por VIH. Es posible que las personas infectadas con el VIH no presenten síntomas durante 10 años o más, pero pueden transmitir la infección a otros durante este período asintomático. Si la infección no se detecta y no se inicia el tratamiento, el sistema inmunitario se debilita gradualmente y se desarrolla el SIDA.













Casi todas las personas infectadas con el VIH, de no recibir tratamiento, contraerán SIDA. Hay un pequeño grupo de pacientes en los que el SIDA se desarrolla muy lentamente o que nunca aparece, a estos individuos se les llama pacientes sin progresión de la enfermedad y muchos parecen tener una diferencia genética que impide que el virus le cause daño a su sistema inmunitario.






Los síntomas del SIDA son principalmente el resultado de infecciones que normalmente no se desarrollan en personas con un sistema inmunitario sano, éstas se llaman infecciones oportunistas. En las personas con SIDA, el VIH ha dañado el sistema inmunitario, por lo que son muy susceptibles a dichas infecciones oportunistas.






En 1984, dos científicos franceses, Françoise Barré-Sinoussi y Luc Montagnier del Instituto Pasteur, aislaron el virus del SIDA y lo purificaron. El Dr. Robert Gallo, estadounidense, pidió muestras al laboratorio francés, y adelantándose a los franceses lanzó la noticia de que había descubierto el virus y que había realizado la primera prueba de detección y los primeros anticuerpos para combatir a la enfermedad.






Después de diversas controversias legales, se decidió compartir patentes, pero el descubrimiento se atribuyó a los dos investigadores originales que aislaron el virus; y sólo a ellos dos se les concedió el Premio Nobel conjunto, junto a otro investigador en el 2008, reconociéndolos como auténticos descubridores del virus; aceptándose que Robert Gallo se aprovechó del material de otros investigadores para realizar todas sus observaciones. Como se ve, otra vez "el hombre de Piltdown".






En 1986 el virus fue denominado VIH (virus de inmunodeficiencia humana). El descubrimiento del virus permitió el desarrollo de un anticuerpo, el cual se comenzó a utilizar para identificar, dentro de los grupos de riesgo, a los infectados. También permitió empezar investigaciones sobre posibles tratamientos y una vacuna.







Existe un grupo minoritario de científicos y activistas surgido en la década de los 80 que cuestiona la conexión entre el VIH y el SIDA, e incluso la misma existencia del virus. También ponen en tela de juicio la validez de los métodos de prueba actuales. Estos disidentes alegan que no son invitados a las conferencias sobre la enfermedad y que no reciben apoyo económico para sus investigaciones.



















Miembros significados de este movimiento son el Profesor de Biología molecular y celular Peter Duesberg, el matemático Serge Lang, la física médica Eleni Papadopulos-Eleopulos, el biólogo molecular Harvey Bialy, el químico experto en inhibidores de la proteasa David Rasnick y los premios Nobel Kary Mullis (Química en 1993) y Walter Gilbert (Química 1980).










Parte de estos científicos disidentes acusan a los científicos del SIDA ortodoxos de incompetencia científica y fraude deliberado. Según estos disidentes, los tratamientos aceptados oficialmente provocarían el SIDA, considerando que esta afirmación se ve respaldada por la farmacocinética de los medicamentos, y puede ser comprobada con una lectura cuidadosa de los prospectos.










De nuevo nos encontramos, como se puede ver, con "el hombre de Piltdown".