5 nov. 2010

La contradicción

El hombre es el único animal capaz de conciliar pensamientos opuestos y no volverse loco, en definitiva somos monos locos, como decía en otras entradas del blog.








En esto iba pensando mientras conducía, en el coche hacia el trabajo, el otro día; pensaba por ejemplo en Adam Smith el padre de las teorías económicas del libre mercado que realizó su obra basándose en la experiencia de otros, como por ejemplo Edward Lloyd el dueño de una famosa cafetería en Londres que terminó convirtiéndola en una casa de seguros y fletes marítimos.
















Adam Smith (5 de junio de 1723 – 17 de julio de 1790) fue un economista y filósofo escocés, uno de los mayores exponentes de la economía clásica. En 1776 publica: "Ensayo sobre la Naturaleza y las Causas de la Riqueza de las Naciones", sosteniendo que la riqueza procede del trabajo.

















El libro fue esencialmente un estudio acerca del proceso de creación y acumulación de la riqueza, tema ya abordado por los mercantilistas y fisiócratas, pero sin el carácter científico de la obra de Smith. Este trabajo obtuvo para él el título de fundador de la economía porque fue el primer estudio completo y sistemático del tema.








Adam nunca fue empresario, desempeñó diversas tareas entre las que citaré la de funcionario de aduanas, forma curiosa de defender el libre mercado; también fue profesor universitario, en una época en la que la universidad vivía de la caridad pública, y fue Pastor de su iglesia, y ahora sabemos que la mano invisible del mercado es Dios y que sus teorías económicas son un desarrollo de su fe presbiteriana.















Smith solía decir que "cuando dos o tres empresarios se reúnen en nombre de la libertad de mercado nace una conspiración contra el mercado". Como vemos, no confiaba en la bondad humana ni creía tampoco en que la naturaleza guiaba la recta moral.

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